

En una entrevista con Noticias RCN, Roy Barreras, el hombre que jugó un rol decisivo para llevar a Gustavo Petro a la Presidencia en 2022, bajó definitivamente la guardia y admitió lo que muchos ya sospechaban: su intento por llegar a la Casa de Nariño ha fracasado estrepitosamente.
“Fracasé en el intento. Tengo la experiencia, soy de centro, sé gobernar, le doy garantías a todos. La gente no le apostó, no creyó en eso”, declaró con crudeza el exsenador y exembajador en el Reino Unido. Barreras, quien hasta hace pocos meses se presentaba como una opción moderada dentro del espectro petrista, reconoció que la ciudadanía no compró su discurso de “centro” y que su candidatura se quedó sin piso electoral.
Lo más revelador de sus declaraciones fue el reconocimiento explícito de la desbandada de las maquinarias políticas: “Hoy estoy solo con mi verdad, sin la poderosa maquinaria del gobierno, sin las maquinarias políticas que no ponen presidente y las veo en desbandada, todas, para donde Paloma Valencia”.
Esta confesión es un golpe directo al corazón del proyecto de izquierda que Barreras ayudó a construir. El mismo gobierno que lo utilizó como puente hacia sectores moderados y empresariales ahora lo abandona sin contemplaciones. Las estructuras clientelistas y burocráticas del petrismo, esas que tanto criticó cuando le convenía, están migrando en masa hacia la senadora del Centro Democrático, Paloma Valencia, ante el evidente hundimiento de las opciones más radicales de la izquierda.
Barreras también diagnosticó con amargura la crisis del centro político colombiano: “Está claro que los campos magnéticos de la polarización desaparecieron el centro. Me angustia cualquiera que gane, porque el 8 de marzo quedaron clarísimos los destinos: hay dos tendencias, el petrismo y el uribismo, pareciera que estamos condenados a eso”.
El exsenador rechazó de plano cualquier posibilidad de apoyar a Paloma Valencia: “No hay ninguna posibilidad de que yo vaya a votar por la derecha”. Incluso advirtió que una victoria de Valencia o del petrista Iván Cepeda generaría “una fractura nacional, porque no generan confianza”, y pronosticó “cuatro años ingobernables” y un “país fracturado y dividido”.
Esta declaración de Barreras es especialmente significativa porque proviene de alguien que fue pilar del triunfo petrista. Su pesimismo actual contrasta fuertemente con el optimismo desbordado que exhibía meses atrás, cuando aseguraba que sacaría millones de votos en la consulta de la izquierda. Aquella consulta terminó en un fracaso rotundo, y el candidato oficial del petrismo resultó ser Iván Cepeda, dejando a Barreras como una figura marginal dentro de su propio campo.
Al ser preguntado por qué sigue en la carrera si reconoce que no tiene oportunidad real de ganar, Barreras respondió con un argumento que suena más a excusa que a convicción: “tengo la obligación de intentar evitar esos cuatro años de desgobierno porque yo lo sé hacer”.
La realidad es más dura y revela la profunda descomposición interna de la izquierda colombiana. Roy Barreras, el “hombre de centro” que prometía garantías a todos, termina aislado, sin maquinaria, sin votos y sin futuro político inmediato. Su caída expone que el petrismo nunca fue un proyecto amplio y moderado, sino una coalición oportunista que, una vez consolidado el poder, desecha a quienes ya no le sirven y radicaliza su discurso.
Mientras Barreras lamenta la desaparición del centro y se angustia ante la polarización entre petrismo y uribismo, los hechos son claros: la izquierda radical ha llevado al país a una confrontación inevitable entre dos proyectos antagónicos. De un lado, el uribismo y las fuerzas democráticas que defienden la seguridad, la propiedad privada y el Estado de derecho. Del otro, el petrismo y sus aliados que han debilitado las instituciones, empoderado a los grupos armados ilegales y hundido al país en una crisis de gobernabilidad.
La confesión de fracaso de Roy Barreras no es solo la admisión personal de un político derrotado. Es el epitafio del intento de la izquierda por disfrazar su radicalismo con un rostro “centrista”. Sin maquinaria estatal, sin clientelismo y sin el apoyo de los violentos, las opciones moderadas del petrismo se derrumban. Colombia se encamina hacia una definición clara: o se recupera el rumbo con fuerzas que defiendan la libertad y la seguridad, o se profundiza el desastre bajo la izquierda radical que ya demostró su incapacidad para gobernar sin destruir.
Todos los derechos reservados El Pirobo news