

Un nuevo escándalo de corrupción y presuntos nexos con el crimen organizado sacude al gobierno de Gustavo Petro y pone directamente en la mira a uno de sus senadores más cercanos: Alexander López, hombre de confianza del presidente en el Valle del Cauca y figura clave del Pacto Histórico.
Audios revelados por Noticias Caracol el fin de semana, con fecha del 26 de febrero de 2025, muestran una reunión entre el abogado de Diego Marín Buitrago, alias «Papá Pitufo», señalado como uno de los mayores zares del contrabando en Colombia, y el entonces director de inteligencia Jorge Lemus. En las grabaciones, el abogado deja claro que su cliente tenía canales directos de comunicación con el gobierno y menciona explícitamente al senador Alexander López como alguien a través de quien Marín enviaba “razones”.
“¿Qué le digo yo? Diego Marín si se hubiera querido tirar en este Gobierno, se lo tira. O sea, diciendo a cualquiera: ‘hablé con Ramón, hablé con Isaac, alguna vez le mandé razón con Alexander López porque me conoce’”, afirma el abogado en el audio.
El contexto es explosivo. Según las versiones que circulan, el gobierno habría intentado incluir a «Papá Pitufo» en la fallida “paz total” como “gestor de paz” para evitar su extradición a Estados Unidos, donde enfrenta investigaciones por lavado de activos y otros delitos. Todo esto mientras pesan sospechas de que dineros ilícitos del contrabando habrían llegado a la campaña presidencial de Petro en 2022.
Alexander López, senador por el Valle del Cauca y uno de los operadores políticos más importantes del petrismo en esa región, aparece ahora como el “razonero” ideal por su supuesta cercanía con el capo. Hasta el momento, López no ha dado una explicación pública convincente sobre estas graves menciones. El silencio del senador resulta tan elocuente como peligroso.
Este caso no es aislado. Se suma a las investigaciones del Departamento de Justicia de EE.UU. contra Petro por presuntos nexos con el narcotráfico, a las declaraciones de alias ‘Pipe Tuluá’ y al propio «Papá Pitufo», y a la política de “paz total” que en la práctica ha significado ofrecer beneficios judiciales a criminales de alto calibre a cambio de supuesta gobernabilidad. La izquierda colombiana vuelve a mostrar su histórica ambigüedad, cuando no complicidad, con estructuras criminales cuando estas pueden servir a sus intereses electorales o de poder.
«Papá Pitufo» tendría, según las revelaciones, “bajo las cuerdas” al gobierno Petro. Conoce nombres, movimientos y presuntos flujos de dinero ilícito que habrían llegado a la campaña. Los intentos de negociación para blindarlo mediante la “paz total” no solo violan el espíritu de cualquier política de paz seria, sino que exponen cómo el régimen petrista prioriza pactos oscuros con el crimen antes que la seguridad y la legalidad.
Mientras Petro y sus aliados continúan hablando de “cambio” y de combatir la “corrupción de la derecha”, sus propios operadores políticos aparecen negociando con capos del contrabando y permitiendo que el crimen organizado tenga voz y voto ,literalmente, en el corazón del poder. Alexander López tiene ahora la obligación moral y política de dar la cara y explicar qué tipo de “razones” le enviaba «Papá Pitufo» y en nombre de quién actuaba.
Los colombianos merecen saber si uno de los senadores más cercanos al presidente sirvió de puente entre el gobierno y uno de los mayores contrabandistas del país. Porque si el petrismo llegó al poder con dineros cuestionables y ahora negocia impunidad con capos para mantenerse, entonces Colombia no está ante un gobierno de izquierda democrática, sino ante un régimen cada vez más comprometido con las mismas fuerzas oscuras que dice combatir.
El silencio de Alexander López hasta ahora solo alimenta la sospecha. La “paz total” se desmorona cada día que pasa, dejando al descubierto no solo su fracaso en materia de seguridad, sino su verdadero propósito: proteger y negociar con quienes nunca debieron tener espacio en una democracia decente.
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