

El excanciller Luis Gilberto Murillo, quien integró el gobierno de Gustavo Petro, rompió el silencio y denunció públicamente la existencia de racismo estructural y maltrato sistemático contra la vicepresidenta Francia Márquez dentro del propio Ejecutivo. Sus declaraciones revelan las profundas divisiones, rivalidades y discriminaciones que, según él, caracterizan el día a día en la Casa de Nariño.
Murillo fue directo al afirmar que a la vicepresidenta «la matonearon» y que «está comprobado que hubo maltrato, incluso desde el propio gobierno». Señaló específicamente a Laura Sarabia y a Juliana Guerrero como las principales responsables de este trato. «La matoneó Laura Sarabia, como a todos nosotros. Porque no se acostumbra a que trabajemos hombro a hombro. Siempre quieren tener esa jerarquía, ciudadanos de primera, de segunda y de tercera. La matoneó, acaban de decirlo, también Juliana Guerrero», denunció.
El exfuncionario también se refirió a las dificultades internas de la comunidad afrocolombiana y reconoció que «somos muy duros con nosotros mismos como comunidad afro. No nos reconocemos y eso también nos afecta». Murillo criticó además el centralismo bogotano del gobierno, que, a su juicio, margina sistemáticamente a las regiones, especialmente al Pacífico.
Sus declaraciones son particularmente graves porque provienen de alguien que formó parte del círculo cercano al presidente Petro y que ahora expone lo que describe como un ambiente tóxico, jerárquico y discriminatorio dentro de un gobierno que llegó al poder prometiendo inclusión, equidad racial y reconocimiento de las comunidades históricamente marginadas.
El caso pone en evidencia una contradicción profunda del petrismo: mientras el discurso oficial se centra en la «justicia social», la «diversidad» y la lucha contra toda forma de discriminación, en la práctica, según Murillo, persiste un trato desigual, bullying interno y una estructura de poder que reproduce las mismas jerarquías que dice combatir.
Las revelaciones de Luis Gilberto Murillo se suman a la larga lista de escándalos internos que han sacudido al gobierno Petro: guerras de egos, acusaciones de corrupción, espionaje entre funcionarios y ahora discriminación racial contra la propia vicepresidenta. Todo ello en un Ejecutivo que prometió ser diferente y que termina reproduciendo, según sus propios exaliados, las peores prácticas del establecimiento que tanto critica.
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