

El departamento del Valle del Cauca volvió a ser escenario de terrorismo guerrillero. Durante la noche del viernes 25 de abril, tres cilindros explosivos fueron lanzados contra las instalaciones del batallón Codazzi en Palmira, mientras se registraba un ataque simultáneo contra el batallón Pichincha en Cali. Aunque las autoridades confirmaron que ninguno de los dos atentados dejó víctimas mortales, se reportaron hasta tres heridos en Cali y una situación de horror y zozobra entre la población civil.
El personero municipal de Palmira, William Andrey Espinoza, no dudó en calificar los hechos con dureza. «Tres específicamente, cilindros que fueron arrojados hacia el batallón Codazzi. Uno de ellos solamente explotó, pero no causó, afortunadamente, heridos ni muertos», explicó a Blu Radio. Sin embargo, el funcionario fue enfático en señalar el daño emocional causado por la explosión: «Eso sí causó una situación de horror, de zozobra en la población palmirana».
Espinoza vinculó directamente los atentados con la escalada violenta que vive el departamento y dejó claro que estos hechos no fueron aislados. «Son definitivamente actos crueles, actos de violencia, actos de barbarie, de terrorismo que en este momento afectan a la población vallecaucana», afirmó. El personero mencionó que en Palmira operan estructuras ilegales como la Jaime Martínez, el frente 2057 y la Dan Izquierdo, grupos que han venido tomando fuerza y control territorial en la región.
El funcionario también fue directo al criticar la respuesta del gobierno nacional. «Yo creo que la respuesta es que no hay una contundencia ni hay acciones claras por parte del gobierno nacional», señaló. Espinoza exigió decisiones concretas del presidente y del Ejecutivo para fortalecer las capacidades tanto departamentales como municipales y recuperar el control territorial.
Los ataques se producen en medio de una ola de violencia que ha sacudido al suroccidente del país en las últimas semanas. Las autoridades militares y de policía ya adelantan las investigaciones para identificar y capturar a los responsables, pero la población del Valle del Cauca exige medidas más firmes y preventivas que vayan más allá de los diagnósticos.
Este nuevo episodio de terrorismo en el Valle del Cauca no solo deja en evidencia la vulnerabilidad de las instalaciones militares, sino también el clima de inseguridad que viven los habitantes de la región. Mientras las autoridades locales dan la cara y denuncian la barbarie, el gobierno nacional enfrenta crecientes cuestionamientos por su incapacidad para contener el avance de los grupos armados ilegales que siguen operando con relativa libertad en zonas estratégicas del suroccidente colombiano.
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