

El gobierno de Gustavo Petro atraviesa una crisis interna cada vez más visible y vergonzosa. Angie Rodríguez, quien fuera durante mucho tiempo su más cercana colaboradora y directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre), se reunió este lunes con el presidente en la Casa de Nariño, después de que la semana pasada destapara una bomba de denuncias que ha sacudido las entrañas del régimen.
La cita, que en un primer momento parecía no concretarse, finalmente se llevó a cabo en la tarde. Según información conocida, Rodríguez entregó al jefe de Estado, a través de un intermediario, las pruebas que sustentan sus graves acusaciones de corrupción, extorsión y un supuesto plan orquestado para apartarla de su cargo. El acuerdo fue mutuo, pero el propio Petro terminó llamándola directamente para que acudiera a Palacio.
Las declaraciones de Rodríguez en una entrevista con Semana dejaron al descubierto lo que muchos ya sospechaban: dentro del gobierno petrista hay una feroz guerra de poder, traiciones y posibles actos de corrupción. La exfuncionaria señaló directamente a Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), y a Juliana Guerrero, la supuesta «moza» de Petro, una joven de apenas 23 años que casi llega a viceministra de Juventud con diplomas falsificados, como protagonistas de un «boicot» en su contra. Acusó a Guerrero de «manejar el poder en muchas entidades» y de ser «el verdadero poder» detrás de varias decisiones. Lo más grave: Rodríguez insinuó que Guerrero se ufanaba de tener vínculos con el ELN, afirmando que «cualquier persona que la escuche siente miedo».
Cuando le preguntaron sobre una posible relación sentimental entre Guerrero y Petro, la exdirectora del Dapre se limitó a responder: «Dios mío. No quiero hablar de eso, no quiero. Por favor». Días después, el propio presidente se vio obligado a salir a negar cualquier vínculo sentimental con las personas mencionadas en la entrevista, en un trino que más que aclarar, dejó más preguntas en el aire.
Este escándalo no es un incidente aislado. Es la expresión más clara del caos, el clientelismo y las pugnas internas que han caracterizado al gobierno de izquierda desde su llegada al poder. La «mano derecha» de Petro ahora lo señala de tolerar o permitir un ambiente de corrupción y extorsión dentro de su propia Casa. Mientras el presidente habla de «cambio» y de «ética pública», sus más cercanos colaboradores se acusan mutuamente de boicot, corrupción y hasta de tener contactos con grupos armados ilegales como el ELN.
La Fiscalía ya citó a Rodríguez para que amplíe su denuncia contra Carrillo y Guerrero. El país observa con estupor cómo el gobierno que prometía acabar con la corrupción termina devorado por ella. Las peleas internas, las filtraciones, los «ventiladores» y las acusaciones cruzadas demuestran que el proyecto petrista no solo está fracasando en sus promesas a los colombianos, sino que se está desmoronando desde adentro.
Angie Rodríguez llegó a Palacio, entregó sus pruebas y se reunió con el presidente. Lo que ocurrió exactamente en ese encuentro solo lo saben ellos. Pero lo que sí es público es el daño irreparable que estas denuncias han causado a la credibilidad de un gobierno que ya venía herido por escándalos de corrupción en la UNGRD, investigaciones internacionales por nexos con el narcotráfico y una «paz total» que solo ha servido para fortalecer a los violentos.
El petrismo prometió transparencia y ética. Lo que entrega es un espectáculo de traiciones, acusaciones graves y un presidente que tiene que reunirse con su ex «mano derecha» para intentar contener el incendio que él mismo ha alimentado. Mientras tanto, los colombianos siguen esperando soluciones reales a sus problemas, no más capítulos de telenovela palaciega.
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