

El centro político colombiano sigue derrumbándose bajo el peso de la polarización generada por el petrismo. Esta vez, la grieta se abrió dentro de la Alianza Verde: la representante Katherine Miranda anunció oficialmente su respaldo a la candidata presidencial del Centro Democrático, Paloma Valencia, reconociendo abiertamente su temor ante la posibilidad de que Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, llegue a la Presidencia.
Durante una entrevista, Miranda fue clara y directa: más allá de las diferencias ideológicas que pueda tener con Valencia, el momento actual del país es «histórico» y requiere poner por encima de todo la defensa de las instituciones, la Constitución y la democracia. La congresista manifestó su preocupación por el rumbo que ha tomado Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro y advirtió que un eventual gobierno de Iván Cepeda representaría un riesgo grave para la independencia de poderes y el modelo democrático.
«Le tengo temor a un gobierno de Iván Cepeda», afirmó sin rodeos. Sus palabras revelan lo que muchos colombianos ya perciben: el proyecto petrista no busca fortalecer la democracia, sino concentrar poder, debilitar los contrapesos institucionales y avanzar hacia un modelo cada vez más autoritario y centralista.
Aunque Miranda reconoció que existen diferencias programáticas con Paloma Valencia, subrayó que ambas coinciden en puntos fundamentales: la defensa de la Constitución de 1991, el respeto a la separación de poderes y la necesidad de preservar la institucionalidad colombiana. Para la representante verde, en este momento crítico, la prioridad debe ser superar la polarización destructiva y garantizar la estabilidad del país.
Este respaldo no es un simple gesto electoral. Representa la ruptura de una figura importante de la Alianza Verde con el ala más radical de la izquierda que hoy domina el Pacto Histórico. Miranda, que históricamente ha estado ubicada en el progresismo, ha elegido priorizar la democracia liberal y el Estado de derecho por encima de cualquier lealtad partidista o ideológica. Su decisión deja en evidencia la profunda división que existe dentro de la llamada «izquierda democrática»: muchos de sus miembros ya no están dispuestos a seguir acompañando el proyecto autoritario y anti-institucional de Petro y Cepeda.
El mensaje es contundente: incluso sectores que antes se identificaban con el cambio progresista ven con alarma cómo el petrismo ha erosionado la confianza en las instituciones, ha debilitado las Fuerzas Armadas, ha permitido el avance del crimen organizado y ha generado una crisis de gobernabilidad sin precedentes.
Paloma Valencia recibe con este apoyo un respaldo que trasciende las fronteras tradicionales de la derecha. No se trata solo de sumar votos; se trata de construir un frente amplio en defensa de la democracia frente al riesgo real de continuidad del modelo que ha llevado a Colombia al retroceso en índices de corrupción, seguridad y confianza institucional.
Katherine Miranda ha tomado una decisión valiente y coherente con el momento histórico que vive el país. Al priorizar la institucionalidad sobre las diferencias ideológicas, demuestra que todavía existen políticos dispuestos a poner a Colombia por encima de sus propios intereses partidistas. Su gesto debería servir de ejemplo para otros sectores del centro y del progresismo moderado que aún dudan ante el abismo que representa la continuidad del petrismo.
Los colombianos que rechazan el autoritarismo, la complacencia con el crimen y el desmantelamiento institucional tienen ahora una señal clara: la defensa de la democracia une a quienes realmente creen en ella, más allá de etiquetas de izquierda o derecha. Frente a la amenaza de un gobierno de Iván Cepeda, la unidad en torno a valores fundamentales como la Constitución, la separación de poderes y la libertad se vuelve indispensable.
Este respaldo de Katherine Miranda a Paloma Valencia no es el fin de la polarización, pero sí un paso importante para construir una alternativa real que defienda el orden democrático frente al proyecto radical que hoy amenaza con profundizar el desastre iniciado en 2022.
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