

El presidente Gustavo Petro llegó a la Casa Blanca con una estrategia visual y simbólica diseñada para enviar un mensaje directo sobre seguridad, narcotráfico y cooperación bilateral.
A las 11:00 de la mañana de este martes, el presidente Gustavo Petro ingresó a la Casa Blanca acompañado por el embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García-Peña, para sostener una reunión privada con el presidente Donald Trump. No hubo guardia de honor, ni alfombra roja, ni ceremonia protocolaria de visita de Estado. El acceso se dio por la puerta sur y a través del Edificio de Oficinas Ejecutivas, un detalle que confirmó desde el inicio que se trataba de un encuentro político y estratégico, no de una cumbre simbólica.
Las imágenes difundidas por la Presidencia de Colombia mostraron a Petro y a García-Peña caminando por el corredor presidencial, flanqueado por los retratos de los expresidentes estadounidenses. En ese trayecto, más allá de los gestos corporales, llamó la atención lo que ambos llevaban en sus manos. El embajador colombiano portaba un libro claramente identificable: Trump: The Art of the Deal, publicado en 1987 y convertido en uno de los pilares de la imagen pública del mandatario estadounidense como negociador y empresario. El gesto fue interpretado como un mensaje calculado, dirigido directamente a la forma en que Trump concibe la política exterior: transacciones, resultados y demostraciones de poder.
Ya en el Salón Oval, las cámaras captaron otros elementos que reforzaron esa lectura. Sobre la mesa, frente a García-Peña, se alcanzó a distinguir una hoja con la bandera de Colombia y un mensaje en inglés que no dejaba lugar a ambigüedades: “Colombia, America’s #1 ally against narcoterrorism”. La frase no estaba pensada para consumo interno, sino para dialogar con una de las principales preocupaciones del Gobierno estadounidense: la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
En paralelo, en manos del presidente Petro se observó otro documento que, tras ser ampliado y analizado por expertos, correspondería a un organigrama criminal vinculado a estructuras del narcotráfico. La imagen reforzó la narrativa que el mandatario colombiano buscaba posicionar en la reunión: la de un gobierno que actúa con inteligencia, información y operaciones concretas contra redes criminales. Según fuentes cercanas al encuentro, durante la conversación se mencionaron más de 200 operativos antidrogas realizados durante el actual gobierno, toneladas de cocaína incautadas y un número significativo de extradiciones ejecutadas hacia Estados Unidos.
La composición de las delegaciones también fue reveladora. Del lado colombiano participaron el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, y Gloria Miranda, directora de Sustitución de Cultivos Ilícitos, dos figuras clave en la política de seguridad y lucha contra las economías ilegales. Por Estados Unidos estuvieron presentes el vicepresidente J. D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el senador republicano Bernie Moreno, uno de los críticos más severos de Petro en el Capitolio, lo que evidenció que el encuentro no era solo protocolario, sino también un espacio de confrontación política directa.
La presencia de Rubio y Moreno, ambos con posturas duras frente a Colombia, explicó en parte el énfasis visual y discursivo del Gobierno Petro. Más que convencer a la opinión pública, la estrategia parecía dirigida a desmontar, frente a Trump y su círculo cercano, la idea de una Colombia complaciente con el narcotráfico o ambigua frente al terrorismo. Cada documento visible, cada palabra en inglés y cada decisión de protocolo funcionaron como piezas de una escenografía cuidadosamente pensada.
El encuentro dejó claro que la diplomacia no solo se juega en los discursos oficiales, sino también en los símbolos que se dejan ver ante las cámaras. En esta ocasión, Petro y su equipo apostaron por una diplomacia del detalle, consciente de que, para Trump, los gestos y los resultados pesan tanto como las declaraciones formales.
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