

Historias de jóvenes del Chocó, Meta y regiones vulnerables contradicen la narrativa del Gobierno, que justificó el retiro de recursos alegando que Colfuturo “refuerza desigualdades”.
En medio de las vísperas navideñas y sin un anuncio previo ni una discusión pública amplia, el Gobierno del presidente Gustavo Petro confirmó que no continuará financiando el programa Crédito-Beca de Colfuturo a partir de 2026. La decisión fue justificada por el Ejecutivo bajo el argumento de que el programa “refuerza desigualdades” y beneficia principalmente a sectores medios y altos, una afirmación que ha sido duramente cuestionada por beneficiarios del mismo programa.
Colfuturo opera desde hace más de dos décadas bajo un esquema de crédito condonable, no como un subsidio directo. El modelo exige a los beneficiarios regresar al país y aportar al desarrollo nacional para acceder a la condonación parcial del crédito. Gracias a este esquema, más de 17.000 profesionales colombianos han cursado maestrías y doctorados en universidades de alto nivel en el exterior, muchos de ellos provenientes de regiones históricamente marginadas.
Lejos de la narrativa oficial, los testimonios de quienes accedieron al programa revelan historias de movilidad social, superación de contextos de pobreza y retorno de conocimiento al país. EL COLOMBIANO habló con tres beneficiarios cuyas trayectorias contradicen de manera directa el discurso del Gobierno.
Susana Montaño, una joven de 24 años nacida en Quibdó, Chocó, es abogada y egresada de la Universidad de La Sabana. Gracias a Colfuturo, logró cumplir un sueño que tenía desde la adolescencia: estudiar en el exterior. En 2024 obtuvo su Maestría en Derecho en The Pennsylvania State University, en Estados Unidos. Para ella, el programa no solo significó un título académico, sino una transformación profunda de su vida y de su entorno familiar y comunitario. Montaño afirma que Colfuturo fue el puente que le permitió acceder a una educación internacional y romper con los límites históricamente impuestos a jóvenes de regiones como el Pacífico colombiano.
Desde otra región del país, Javier Enciso, nacido en Villavicencio, Meta, también desmiente que el programa esté reservado para élites económicas. Formado en la Universidad Nacional de Colombia, Enciso accedió a una maestría en Alemania gracias a Colfuturo. Esa experiencia le permitió fundar su propia empresa tecnológica, Enciso Systems, desde la cual ha liderado proyectos para entidades como la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA). Más allá de su éxito profesional, Enciso mantiene un compromiso activo con su territorio, trabajando con la Universidad de los Llanos y la Secretaría Social de Villavicencio para apoyar a jóvenes con discapacidad y promover la ciencia y la tecnología como herramientas de transformación social.
Un tercer testimonio proviene nuevamente del Chocó. Beinerth Chitiva, criado por una madre soltera en San Martín, un barrio humilde de Quibdó marcado por la violencia y la marginalización, encontró en la educación una salida a la vulnerabilidad. Tras cursar dos pregrados —en idiomas y derecho—, se propuso estudiar una maestría en Estados Unidos. En el otoño de 2025 inició una maestría en educación en la Universidad de Michigan gracias a una beca-crédito de Colfuturo. Chitiva resalta la transparencia y el rigor del proceso de selección, en contraste con prácticas clientelistas frecuentes en Colombia. Además, desde 2014 lidera en Quibdó el English Learning Center, una organización sin ánimo de lucro que amplía oportunidades educativas para jóvenes de contextos vulnerables.
Estas historias se suman a los datos que la propia fundación ha presentado para refutar la tesis del Gobierno. Según Colfuturo, en su última convocatoria el 57 % de los beneficiarios proviene de estratos 3 y 4, el 55 % nació fuera de Bogotá y más del 70 % es menor de 30 años. Además, más de 30 universidades públicas y privadas del país están representadas entre los seleccionados, con la Universidad Nacional ocupando uno de los primeros lugares.
La decisión del Gobierno Petro ha sido interpretada por críticos como una señal contradictoria frente al discurso oficial de promover ciencia, innovación y equidad. Para muchos beneficiarios y expertos en educación, retirar el apoyo estatal a Colfuturo no corrige desigualdades, sino que elimina una de las pocas herramientas probadas de movilidad social y retorno de talento al país.
En lugar de reformar o ampliar el alcance del programa para llegar a más regiones y poblaciones vulnerables, el Ejecutivo optó por retirarse, dejando en entredicho su compromiso con la formación avanzada y con una política educativa basada en resultados. Las historias de Susana, Javier y Beinerth dejan claro que Colfuturo no ha sido un privilegio de élites, sino una puerta real para que jóvenes de regiones históricamente excluidas accedan a oportunidades que, de otro modo, seguirían siendo inalcanzables.
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