

Seis mujeres gobiernan simultáneamente seis departamentos de Colombia, rompiendo techos de cristal y transformando el poder regional, en un proceso histórico marcado por liderazgo, formación y resistencia, donde Dilian Francisca Toro se consolida como la pionera que abrió las puertas y enfrentó la violencia política de género.
La mujer se convirtió en uno de los grandes personajes de 2025, no como una figura abstracta, sino encarnada en seis liderazgos concretos que hoy gobiernan seis departamentos del país de manera simultánea. Nubia Carolina Córdoba en Chocó, Dilian Francisca Toro en el Valle del Cauca, Adriana Magali Matiz en Tolima, Lucy García en Sucre, Rafaela Cortés en Meta y Elvia Milena Sanjuan en Cesar representan un hecho político sin precedentes en la historia reciente de Colombia. Por primera vez, la conducción regional refleja de manera clara la irrupción femenina en espacios históricamente dominados por hombres.
Este proceso no surge de la nada. Tiene antecedentes, resistencias y un punto de quiebre fundamental que se personifica en Dilian Francisca Toro. Su llegada a la Gobernación del Valle del Cauca, en un entorno político profundamente adverso para las mujeres, marcó un antes y un después. Toro no solo rompió el techo de cristal, sino que enfrentó una de las expresiones más crudas del ejercicio político en Colombia: la violencia política basada en género, que buscó desacreditarla, silenciarla y expulsarla del debate público mediante estigmatización, ataques personales y campañas de desinformación. Su permanencia, su reelección y su liderazgo sostenido se convirtieron en una referencia para otras mujeres que hoy ocupan cargos de poder.
Dilian Francisca Toro, médica internista de formación, ha sostenido que gobernar es muy similar a ejercer la medicina: escuchar, diagnosticar y aplicar soluciones colectivas. En su gestión ha logrado articular crecimiento económico con inversión social, trabajo con el sector privado, generación de empleo digno y fortalecimiento del emprendimiento. Bajo su liderazgo, el Valle del Cauca ha reportado que cerca de 400.000 personas han salido de la pobreza, al tiempo que se consolidan modelos de gobernanza colaborativa. Su experiencia demostró que las mujeres no solo pueden gobernar, sino transformar territorios complejos sin renunciar a la firmeza ni a la sensibilidad social.
Ese camino abrió puertas para otras lideresas regionales. Nubia Carolina Córdoba, gobernadora del Chocó, representa una nueva generación de mujeres formadas en la educación pública, con preparación académica internacional y una visión crítica del centralismo. Desde el Pacífico, Córdoba ha planteado que la verdadera esclavitud moderna es la falta de acceso a la información y al conocimiento, y ha enfocado su gestión en desmontar los estigmas históricos de pobreza, corrupción y violencia que pesan sobre su territorio, defendiendo el derecho del Chocó a decidir su propio destino.
En el Tolima, Adriana Magali Matiz se convirtió en la primera mujer en gobernar el departamento en 163 años. Abogada con múltiples especializaciones y una maestría en gobierno municipal, Matiz ha construido su liderazgo desde la experiencia personal de la violencia, al provenir de una familia víctima del conflicto armado. Desde allí ha impulsado una gestión basada en la planificación productiva regional, inversiones históricas en infraestructura hospitalaria y educativa, y una advertencia constante sobre la violencia política que siguen enfrentando mujeres alcaldesas y lideresas en los territorios.
Lucy García, gobernadora de Sucre, también rompió un hito al convertirse en la primera mujer en ocupar ese cargo en su departamento. Su liderazgo, marcado por los valores familiares y su formación en bacteriología, ha estado enfocado en el diagnóstico riguroso de los problemas públicos. García ha defendido su gestión en materia de seguridad, asegurando reducciones históricas del 62 % en los índices delictivos, enfrentando cuestionamientos que, según ella, no suelen aplicarse con la misma severidad a gobernantes hombres.
Rafaela Cortés, en el Meta, ha planteado una visión de gobierno basada en la escucha, la concertación y la sensibilidad social. Para ella, gobernar implica pasión y comprensión profunda del funcionamiento del Estado. Ha insistido en que la violencia contra la mujer sigue siendo uno de los mayores problemas estructurales del país y ha defendido la necesidad de abrir más espacios para el liderazgo femenino. En su agenda, el Meta enfrenta el desafío de dejar la dependencia de los hidrocarburos y convertirse en una potencia agrícola y logística, con apuestas claras por la conectividad y la integración regional.
En el Cesar, Elvia Milena Sanjuan llegó a la gobernación desde una vocación genuina de servicio público, sin tradición política familiar. Su experiencia como alcaldesa de San Diego le permitió entender la diferencia entre la gestión municipal cotidiana y la planificación estratégica departamental. Para Sanjuan, gobernar es un ejercicio colectivo, una lección heredada de su padre, que hoy guía su liderazgo y su apuesta por procesos de largo aliento en el departamento.
Este fenómeno político, con seis mujeres gobernando en simultáneo, no puede entenderse sin reconocer el camino recorrido por quienes llegaron primero y resistieron más. Dilian Francisca Toro no solo gobernó, sino que resistió, litigó, se defendió y sentó precedentes jurídicos frente a la violencia política de género. Su caso marcó límites claros entre el control político legítimo y la desinformación como arma de exclusión. Hoy, su liderazgo se refleja en una nueva generación de mujeres que gobiernan sin pedir permiso, conscientes de que el poder también les pertenece.
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