

El Centro Democrático cerró su proceso interno y eligió a Paloma Valencia como su carta presidencial, en un momento de debilidad electoral y fracturas internas que anticipan una campaña cuesta arriba.
El Centro Democrático definió a su candidata presidencial tras un proceso interno que se extendió por más de un año y que terminó consolidando a Paloma Valencia como la aspirante del partido para la contienda de 2026. La senadora se impuso sobre María Fernanda Cabal y Paola Holguín mediante un mecanismo mixto que combinó una encuesta nacional y una consulta interna con militantes, en un intento por mostrar orden, método y democracia interna en una colectividad golpeada por la pérdida de protagonismo electoral.
La decisión fue anunciada por el presidente del partido, Gabriel Vallejo, quien defendió el proceso como transparente y estructurado. Según explicó, la selección se apoyó en una encuesta cuantitativa contratada con la firma chilena Cadem y en un colegio electoral interno realizado a través de Panel Ciudadano, que recogió 2.255 votos válidos de dirigentes y cuadros del partido, con un margen de error del 1,46 %. El ejercicio estuvo precedido por foros programáticos en los que se abordaron temas clave como seguridad, corrupción, economía, salud y sector agropecuario, en un esfuerzo por darle contenido a una colectividad que hoy lucha por no quedar relegada en el debate nacional.
Sin embargo, la proclamación de Valencia no estuvo exenta de tensiones. Fuentes cercanas al partido señalaron inconformidad en el entorno de María Fernanda Cabal, una de las figuras más visibles y polarizantes del uribismo, quien habría cuestionado el proceso y el resultado. Ese malestar deja en evidencia que, aunque el Centro Democrático logró cerrar formalmente su disputa interna, las fisuras políticas y personales siguen latentes.
En su primer discurso como candidata, Paloma Valencia apeló a la unidad y a la narrativa de responsabilidad histórica. Aseguró que asume el reto con humildad y fuerza, y que su aspiración no es individual sino colectiva. Uno de los momentos más simbólicos de su intervención fue el homenaje a Miguel Uribe Turbay, cuyo asesinato marcó de manera profunda el proceso interno del partido. Valencia habló de una colectividad que, desde entonces, transita una etapa oscura, y prometió trabajar por un país donde la violencia política no vuelva a ser parte del paisaje cotidiano.
Más allá del discurso, los números muestran una realidad incómoda para el uribismo. La más reciente encuesta de Invamer, publicada en noviembre, ubica a Paloma Valencia con apenas 1,1 % de intención de voto. Ninguna de las figuras del Centro Democrático supera el 2 %, una señal clara del desgaste del proyecto político que dominó la escena nacional durante más de una década. En términos de reconocimiento, Valencia es conocida por el 37,8 % de los encuestados, pero su imagen desfavorable supera a la favorable, mientras que más del 60 % de los colombianos aún no la identifica.
Ese punto de partida revela el verdadero desafío que enfrenta la candidatura: salir del nicho ideológico, ampliar reconocimiento y reconstruir credibilidad en un electorado que hoy mira hacia otros liderazgos y otras narrativas. El Centro Democrático ya tiene candidata, pero la pregunta de fondo no es quién ganó la encuesta interna, sino si el partido tiene aún la capacidad política y social para volver a ser competitivo en una contienda presidencial cada vez más fragmentada y volátil.
Todos los derechos reservados El Pirobo news