

Sanciones OFAC a Petro paralizan mantenimiento del FAC 0008: ¿qué más se avecina en tensiones con Trump?
La inclusión del presidente Gustavo Petro en la Lista Clinton –esa infame nómina de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Tesoro estadounidense, bautizada por el escándalo de Bill Clinton en los 90 y reservada para narcos y lavadores de activos– ha dejado de ser un mero insulto diplomático para convertirse en un corsé operativo que ahoga no solo al mandatario, sino al aparato estatal colombiano. El último coletazo llegó el 20 de noviembre de 2025: Leonardo Helicopters, la filial italiana del conglomerado aeroespacial con sede en Filadelfia (sujeta a jurisdicción yanqui), suspendió el mantenimiento del helicóptero presidencial FAC 0008, un AgustaWestland AW139 valorado en 12 millones de dólares. La razón: las sanciones obligan a la empresa a tramitar una licencia OFAC antes de cualquier servicio, un papeleo que podría extenderse semanas o meses, dejando al jefe de Estado varado en un país donde la movilidad aérea es sinónimo de poder y vulnerabilidad.
La comunicación de Alberto Herrera, gerente de Soporte al Cliente para Sudamérica de Leonardo, al teniente coronel Erwin Sierra del Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM), fue eufemística pero implacable: “Debido a recientes disposiciones regulatorias emitidas en Estados Unidos, será necesario suspender temporalmente todas las actividades de soporte relacionadas con el helicóptero FAC 0008”. No es un capricho; es cumplimiento estricto de la Orden Ejecutiva 14059 de Trump, que bloquea bienes, transacciones y servicios a sancionados por narcotráfico. Petro, furioso, lo tildó de “ofensa a Colombia” y anunció una demanda por incumplimiento contractual “hasta la caducidad”, ordenando incluso la venta del aparato: “Prácticamente no lo necesito”. Pero el cinismo del gesto –un presidente que compró 17 Gripen suecos por 16,5 billones de pesos en medio de sobrecostos cuestionados, ahora ve su helicóptero italiano en dique seco– revela la ironía de un gobierno que navega entre aliados europeos y enemistades transatlánticas.
Este no es un incidente aislado; es el tercer zarpazo de la Lista Clinton en menos de un mes, un recordatorio brutal de cómo sanciones personales se filtran al Estado soberano. El 15 de noviembre, bancos colombianos bloquearon pagos a nombre de Petro, retrasando su salario presidencial y giros institucionales, forzando intervenciones manuales de la Presidencia. Peor aún, el 18 de noviembre, durante una escala en Cabo Verde en ruta a Medio Oriente, una aerolínea local negó combustible al Boeing 737 presidencial por temor a represalias OFAC, un desvío que costó millones extras y horas de tensión. Petro, en X, comparó su calvario con el de Francesca Albanese, relatora ONU de Palestina: “No se puede permitir que se usen sanciones hechas para la lucha contra el crimen en la censura del pensamiento crítico”. Lanzó una “campaña internacional” en apoyo a sancionados por “funciones legítimas” –jueces, periodistas, funcionarios ONU–, pero el eco es sordo: Bernie Moreno, el senador republicano que lo amenazó primero, celebró en Fox News con un “FAFO” (Fuck Around and Find Out).
La Cancillería, por su parte, envió una nota verbal el 19 de noviembre exigiendo a Washington “motivos concretos” para la inclusión y su “exclusión inmediata”. La canciller Laura Sarabia, en EFE, lo llamó “injusto castigo a Colombia en cabeza del presidente legítimo”. Pero el Departamento de Estado, vía Marco Rubio, fue tajante: “No es político; es basado en hechos, ley y casos concretos”. La OFAC argumenta que bajo Petro, la producción de cocaína “se disparó a récords” –3.001 toneladas en 2024, un 12,6% más que en 2023–, “inundando EE.UU. y envenenando a sus ciudadanos”. Sanciona no solo a Petro, sino a Verónica Alcocer, Nicolás Petro y Armando Benedetti por “apoyo material” al tráfico ilícito, congelando activos en suelo yanqui y prohibiendo transacciones con ciudadanos o firmas estadounidenses. Petro, en Cali, admitió el golpe personal: “No sé cómo voy a vivir” postpresidencia, citando la Biblia para consolarse con el “respaldado del pueblo”.
El experto Juan Nicolás Garzón, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de La Sabana, lo disecciona sin piedad: “No es positivo que el jefe de Estado carezca de equipos esenciales para su rol, pero no es quiebre total”. Para Garzón, es “muestra de tensiones que escalarán” entre dos líderes confrontacionales que “se sienten cómodos sacando réditos políticos”. Trump, con su “líder del narcotráfico”, y Petro, con megáfono pro-Palestina en la ONU, juegan a la escalada: el primero cortó subsidios en seguridad (estimados en 500 millones anuales), el segundo suspendió inteligencia compartida el 12 de noviembre. El abreboca: reducción de ayuda antidrogas, que ya bajó 20% en 2025, afectando fumigaciones y GAULA en el Cauca.
Pero el horizonte es más negro. El estatus de Mayor Aliado No OTAN (MNNA), concedido por Biden a Duque en 2022, pende de un hilo. El Tiempo reveló el 23 de noviembre que Washington evalúa revocarlo por el “deterioro bilateral”, un símbolo de “estrecha amistad” que abre puertas a ventas militares prioritarias y entrenamiento conjunto. Perderlo significaría:
Garzón advierte: “Es terreno donde Trump gana votos antiinmigrantes; Petro, apoyo interno antiimperial”. La nota verbal de Sarabia busca alivio, pero Rubio ya la desestimó: “No afecta a Colombia; es contra individuos”. Sin embargo, el efecto rebote es innegable: bancos locales congelan cuentas de sancionados, firmas globales pausan contratos (como Leonardo), y aliados como Italia –donde Petro pide “investigación democrática”– navegan entre lealtad europea y obediencia yanqui.
Desde una óptica crítica, esta lista no es venganza por Palestina o lanchas narco; es el precio de un petrismo que coquetea con Maduro mientras Trump blande el garrote antidrogas. Petro, que supuestamente incautó “más coca que nunca” (800 toneladas proyectadas 2025), ignora que la OFAC mide producción potencial (3.001 toneladas), no decomisos. El FAC 0008 en tierra es metáfora: un gobierno que aspira alto pero cae por sanciones autoimpuestas. ¿Más? Posible veto a visas para funcionarios, aranceles al café (20% amenazado) y presión para extradiciones. Colombia, aliada histórica, paga el pato de un duelo de egos: Trump, rey del MAGA; Petro, profeta de la izquierda. El remedio: diplomacia discreta, no megáfonos. Mientras, el helicóptero espera licencia, y el país, claridad.
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