

Frente Jaime Martínez de disidencias FARC negaría secuestro de Miguel Ayala, hijo de Giovanny Ayala, en vía Panamericana Cauca: operativos de búsqueda continúan
El secuestro de Miguel Ayala, hijo del reconocido cantante de música popular Giovanny Ayala, y de su mánager Nicolás Pantoja, ha sumido al Cauca en una nueva ola de zozobra, recordando que las carreteras del suroccidente colombiano siguen siendo venas abiertas por donde corre la sangre de la violencia. El rapto ocurrió la noche del 18 de noviembre de 2025, alrededor de las 7:00 p.m., en el sector conocido como “El Túnel”, vereda homónima del municipio de Cajibío, en la vía Panamericana que une Popayán con el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Palmira. Los dos hombres, que regresaban de una presentación en El Tambo, fueron interceptados por sicarios armados que se movilizaban en dos vehículos y una motocicleta. El conductor del Chevrolet Tracker en el que viajaban fue despojado del vehículo y dejado en el sitio, atado y con los ojos vendados, mientras los secuestradores huían con las víctimas hacia zonas rurales del norte del municipio, un corredor infestado de grupos armados ilegales.
La Policía Metropolitana de Cali, a través de su comandante Henry Yesid Bello Cubides, atribuyó el hecho al Frente Jaime Martínez, una estructura disidente de las FARC bajo el mando de alias Iván Mordisco, que controla amplios territorios en el Cauca y el Valle del Cauca mediante extorsiones, narcotráfico y reclutamiento forzado. “En el sector delinque el Frente Jaime Martínez. Ya iniciamos las investigaciones y estamos haciendo las verificaciones con prueba técnica para establecer el lugar exacto en donde fueron secuestrados”, detalló Bello. El oficial reconstruyó el secuestro: “Estos dos ciudadanos habían salido de la ciudad de Popayán hacia Cali para abordar un vuelo en el municipio de Palmira, y fueron interceptados por dos vehículos que se encontraban en la vía. Allí descendieron hombres armados, los pusieron en estado de indefensión y posteriormente los llevaron al norte de ese municipio”. El conductor, rescatado por transeúntes minutos después, relató a las autoridades que los atacantes actuaron con precisión militar, usando pasamontañas y armas largas, un modus operandi típico de las disidencias que han multiplicado secuestros en la región para financiar su guerra asimétrica.
Miguel Ayala, de 21 años y aspirante a la música popular –recordado por sus participaciones fallidas en “Yo Me Llamo” en 2023 y 2025, donde interpretó “De qué te las picas” y “El idiota” sin convencer al jurado–, representa el rostro humano de una tragedia que trasciende el entretenimiento. Hijo menor de Giovanny, el joven se perfilaba como heredero del legado musical de su padre, con un canal de YouTube que acumula casi mil seguidores y videoclips como “No te pido nada más” y “Llorar”. Su mánager, Nicolás Pantoja, era el engranaje logístico de una gira que incluía presentaciones en el Festival Caucano de Cali. El secuestro, ocurrido tras un concierto en un corregimiento de El Tambo, no parece aleatorio: el Cauca, con 261.000 hectáreas de coca en 2024 según la UNODC, es un tablero donde disidencias como el Jaime Martínez –nombrado en honor a un excomandante de las FARC– extorsionan a figuras públicas para “vacunas” o propaganda. Sin embargo, el 23 de noviembre, el frente negó su autoría en un comunicado filtrado a medios locales, alegando que “no secuestramos por deporte” y culpando a “bandas comunes” aliadas al ELN, un giro que complica la investigación y huele a maniobra para desviar culpas.
Giovanny Ayala, el padre destrozado, rompió el silencio el 19 de noviembre con un mensaje en redes que destila dolor crudo y dignidad: “En este momento mi familia y yo estamos atravesando una situación extremadamente difícil. Les pido por favor respeto y prudencia. No es momento para comentarios hirientes, especulaciones ni juicios fuera de lugar. Agradecemos a quienes han expresado apoyo y empatía. Lo único que pedimos es consideración por el dolor y la incertidumbre que estamos viviendo”. El cantante, conocido por éxitos como “Te Metiste en Mi Cama”, ha recibido solidaridad del gremio: Yeison Jiménez pidió cadenas de oración, Jhonny Rivera lamentó “no merece esto”, e Ingrid Betancourt –exsecuestrada por las FARC– exigió liberación inmediata como “objetivo primordial de la Paz Total”. El 23 de noviembre, Giovanny escaló: “Mi hijo Miguel Ayala cae en manos de gente que solo le lleva alegría a través de la música. Les pido que guarden su integridad y vida, y al presidente que desplace al GAULA y SIJIN”. Con fe bíblica –“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”–, el artista clama por acción, mientras su familia, en Granada (Meta), reza por un regreso que parece lejano.
Las autoridades no pierden tiempo: la Policía Nacional, con el Gaula Élite y apoyo de la SIJIN, desplegó un “operativo candado” que incluye sobrevuelos con helicópteros Black Hawk, drones térmicos y 200 uniformados en un radio de 50 km alrededor de Cajibío y Piendamó. La línea 317 896 5561 y el 165 del Gaula reciben tips anónimos bajo el lema “Yo no pago, yo denuncio”. El 22 de noviembre, se identificó al segundo secuestrado como un asistente logístico, ampliando el perfil del ataque a una acción premeditada. Bello Cubides confirmó que el conductor, liberado ileso pero traumatizado, describió a los raptores como “unidades organizadas” con radios y chalecos tácticos, pero el desmentido del Jaime Martínez –que controla la ruta Panamericana para narcotráfico– introduce dudas: ¿falsa bandera para presionar al Gobierno por los bombardeos recientes en Guaviare, donde Mordisco perdió 34 combatientes y siete menores? ¿O extorsión disfrazada, común en un Cauca donde disidencias y ELN compiten por “impuestos” a artistas y empresarios?
Desde una perspectiva implacable, este secuestro no es solo un golpe al corazón de una familia; es el pulso de un Estado que, en su “paz total”, negocia con verdugos mientras las víctimas pagan el precio. El Jaime Martínez, con su injerencia en el 70% de las zonas cocaleras caucanas, usa secuestros como moneda de cambio: en 2024, al menos 15 casos similares generaron rescates millonarios o propaganda. Miguel Ayala, de 21 años y con sueños truncos en realities, no es un objetivo casual; su fama amplifica el terror, recordando el rapto de Luis Fernando Moreno en 2023. Giovanny, con su fe inquebrantable, exige GAULA y SIJIN, pero el silencio de Petro –atrapado en sus propios escándalos– huele a indiferencia. El Cauca, con 578 reclutamientos infantiles en 18 meses, no necesita más cadenas de oración; necesita drones que rescaten, no que bombardeen campamentos con niños. Mientras el bloqueo avanza, la familia Ayala espera en la penumbra: “Te espero en casa, hijo, con la ayuda de Dios”. Pero Dios no despliega helicópteros; el Estado, sí. Y hasta ahora, falla.
El 24 de noviembre, con el sol cayendo sobre la Panamericana, la búsqueda persiste. Ningún grupo se ha adjudicado el rapto, pero el desmentido de Mordisco no convence: en un territorio donde la verdad se negocia con balas, el silencio es complicidad. Colombia, adicta a la violencia, observa: ¿otro rescate pagado o otra fosa en la selva? La respuesta, como siempre, vendrá tarde.
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