
En el corazón de la polarización política del Valle del Cauca, el diputado del Pacto Histórico, Jonhy Acosta (@JonhyAcosta_), ha convertido su cuenta en X en un canal casi exclusivo de ataque desproporcionado contra la gobernadora Dilian Francisca Toro.
Su cuenta en X con aproximadamente 3.000 publicaciones en total revela un patrón alarmante: una dedicación casi exclusiva a atacar a Dilian. Basados en búsquedas recientes, entre el 45% y el 50% de sus trinos mencionan directamente a «Dilian», variantes de su nombre y sobrenombres, con ejemplos recientes que incluyen todo tipo de acusaciones, asociaciones libres con todo tipo de temas y hasta calificativos insultantes que rayan en la misoginia. Este enfoque repetitivo y constante plantea interrogantes sobre si se trata de mera oposición política o es algo más profundo: una obsesión ya podría estar rayando en lo patológico.
El perfil de Acosta en X es un testimonio vivo de su fijación. hasta en su biografía personal, donde debería hablar de sí mismo, menciona explícitamente a Dilian. En los últimos meses, la gran mayoría de sus publicaciones, muchas de ellas analizadas— giran en torno a ella: desde supuestas victorias judiciales contra intentos de «silenciarlo» hasta extrañas denuncias, supuestas amenazas de muerte y críticas a aliados cercanos. Acosta hace alusiones a la gobernadora en todo tipo de contextos, el personal y el político, esto se repite en videos, fotos y textos, sugiriendo no solo una agenda política, sino un ritual diario de confrontación obsesiva que ya no es normal. Esta repetición puede interpretarse como un comportamiento compulsivo donde la mención a Dilian se ha convertido en una necesidad irresistible e incontrolable para Jonhy, similar a las intrusiones obsesivas descritas en psicología clínica.
Precisamente en términos clínicos, esto permite pensar en comportamientos asociados a el Trastorno Obsesivo-Compulsivo, caracterizado por obsesiones (pensamientos recurrentes e intrusivos) y compulsiones (comportamientos repetitivos para aliviar la ansiedad). Aquí, la «fijación» es con la figura de Dilian, ella es el objeto de su obsesión, y las «compulsiones» constantes de referirse a ella, funcionan como un mecanismo para «controlar» o exponer una supuesta amenaza percibida permanentemente. Otro término relevante es el Trastorno de Personalidad Obsesivo-Compulsiva (TPOC), que implica una preocupación excesiva por el orden y el control, a menudo manifestada en rigidez moral y fijación en detalles. En contextos políticos, esto podría evolucionar hacia un Trastorno de Amor Obsesivo, no reconocido oficialmente en el DSM-5, pero descrito como una fijación posesiva en otra persona.
Más preocupante es la posibilidad de un Trastorno Delirante de Tipo Persecutorio, donde el individuo cree firmemente en conspiraciones o amenazas dirigidas contra él, lo que podría explicar las menciones repetidas a «amenazas de muerte» y a «intentos de callarlo». Acosta podría estar interpretando cada gesto, cada palabra, cada publicación, cada suspiro, cada pestañeo de Dilian como un mensaje personal en su contra. La intensidad y exclusividad de su enfoque sugiere que lo que él llama «oposición» ya podría estar trascendiendo lo racional y convirtiéndose en una «fijación patológica» que podría motivar acciones irracionales con graves implicaciones legales.
Esta hipótesis no es aislada; la psicología ha documentado casos de «obsesión política» que escalan a problemas mentales. Un ejemplo paradigmático es el Síndrome de Trump Derangement (TDS), un término no clínico, pero ampliamente usado para describir la fijación intensa y emocional en Donald Trump por parte de opositores de izquierda, llevando a ansiedad crónica, rumiación constante y hasta pensamientos suicidas en algunos casos. Estudios muestran que esta «obsesión» con figuras políticas polarizantes puede exacerbar trastornos como la depresión y la ansiedad, con encuestas revelando que el 75% de personas con condiciones mentales graves reportan impactos negativos del clima político.
Otro paralelo es el estudio de «pensamientos intrusivos políticamente enfocados y comportamientos ritualísticos» (PITRB), donde individuos experimentan obsesiones con eventos políticos, similares al TOC, asociados con mayor psicopatología y discapacidad. En Europa, investigaciones sobre «personas fijadas» que persiguen figuras públicas (políticos o celebridades) indican que muchos sufren enfermedades mentales graves, como esquizofrenia o delirios, llevando a comportamientos criminales como acoso o acercamientos problemáticos. Tipologías incluyen «querulantes» (litigantes vexatorios), que inician demandas, denuncias y/o querellas obsesivas por percepciones de injusticia, similar a las constantes tutelas y denuncias de Acosta contra todo lo que se relacione con Dilian.
En Colombia, casos como la polarización extrema entre uribismo o petrismo muestran cómo la fijación en un oponente político puede derivar en «obsesión política desordenada», un término emergente para describir compulsiones como el chequeo constante de noticias, agotamiento emocional y conflictos relacionales. Estos ejemplos apoyan la hipótesis: lo que comienza como activismo puede mutar en un problema mental si no se modera.
Si esta obsesión no se aborda, las consecuencias podrían ser «fatales» en sentido figurado —y potencialmente literal. Para Acosta, podría llevar a agotamiento emocional (burnout), depresión política o incluso un colapso mental, como se ve en casos donde la polarización aumenta un 57% las probabilidades de trastornos ansiosos o depresivos. La rumiación constante sobre la Gobernadora podría aislarlo socialmente, dañando relaciones y exacerbando síntomas como insomnio o ira crónica.
Para la Gobernadora, el impacto es de acoso permanente percibido: aunque Acosta disfraza su actuar como «control político legítimo», la recurrencia de ciertas acciones ya raya en el hostigamiento, lo que motiva en la víctima un profundo estrés que puede derivar demandas legales porque ya empieza a representar amenazas reales a su seguridad. En casos extremos, fijaciones políticas han escalado a violencia, como intentos de asesinato motivados por delirios persecutorios.
Además, Esta dinámica de Jonhy Acosta parece alimentar la profunda misoginia en un país tan machista como Colombia, normalizando la violencia política contra la mujer basándose en creencias conspirativas. Es bueno recordar que aquí las mujeres enfrentan un peligro real, algo denunciado recientemente por organismos como la defensoría del pueblo y la MOE, algo que socava la democracia y puede intensificar divisiones locales con riesgos de escalada cómo el violento paro de 2021.
La «obsesión» de Jonhy Acosta con Dilian Francisca Toro ilustra cómo la pasión política puede cruzar a territorio psicológico peligroso. Aunque no es un diagnóstico formal y solo un profesional calificado podría evaluarlo, los patrones sugieren elementos de TOC, TPOC o fijación delirante, respaldados por casos como TDS o PITRB. Las consecuencias van desde deterioro personal hasta riesgos sociales. En un país tan machista y polarizado como Colombia, urge diferenciar el activismo saludable de la obsesión destructiva. Acosta podría beneficiarse de terapia especializada y apoyo mental, recordando que el verdadero control político nace del equilibrio, no de la obsesión.
Todos los derechos reservados El Pirobo news