

Gustavo Petro publicó 74 trinos en puente festivo: fake news sobre contratos, defensas de bombardeos y videos generados con IA que avivan controversias
El puente festivo de noviembre de 2025 no fue un respiro para el presidente Gustavo Petro; fue un torrente de actividad en X, donde publicó exactamente 74 trinos entre el 14 y el 18 de noviembre. Esta plataforma, que el mandatario ha convertido en su principal canal de diálogo con la ciudadanía, la oposición y líderes internacionales, volvió a ser escenario de una comunicación caótica y sin filtros evidentes. En más de tres años de gobierno, Petro ha priorizado X para anunciar decisiones, responder críticas y ventilar posiciones, pero este fin de semana el volumen de mensajes –un promedio de 18 por día– reveló patrones recurrentes: difusión de información imprecisa o falsa, contradicciones en temas sensibles como los bombardeos, y el uso de videos generados con inteligencia artificial que rayan en lo propagandístico. Esta obsesión por publicar frenéticamente, sin aparente revisión por expertos en comunicación –práctica estándar en presidencias globales–, deja al descubierto no solo vacíos estratégicos, sino un estilo que prioriza la inmediatez sobre la veracidad, erosionando la credibilidad institucional en un país ya polarizado.
El primer trino del periodo, emitido el 14 de noviembre a las 20:48 GMT, anunció la firma de un contrato con Saab para 17 aviones Gripen, presentándolo como un «arma disuasoria para la paz». Petro lo enmarcó como cumplimiento de una promesa de campaña, destacando beneficios como transferencia tecnológica y offset social, incluyendo la construcción de un hospital en Bogotá y plantas de paneles solares en el Caribe. Sin embargo, este mensaje desató una tormenta inmediata: periodistas y opositores cuestionaron los sobrecostos, alegando que 16,5 billones de pesos por 17 aviones superaban estimaciones globales de 150 millones de dólares por unidad. Petro respondió con hilos detallados, comparando cifras con F-16 usados o Rafale franceses, pero omitió proyecciones macroeconómicas que inflaban el total por variaciones cambiarias y vigencias futuras hasta 2032. La imprecisión radicaba en no aclarar que el contrato inicial era de 3.135 millones de euros (equivalentes a 13,7 billones de pesos), pero se proyectaba en 16,5 billones por anualidades; críticos lo tildaron de fake news implícita, ya que el gobierno anterior de Duque había explorado opciones similares por 14 billones para 24 aviones, y Petro no mencionó que su negociación duró todo el mandato sin licitación abierta. Este episodio ilustra cómo un anuncio triunfalista se convierte en boomerang cuando los números no cuadran, alimentando narrativas de despilfarro en un contexto de déficit fiscal.
La defensa de los bombardeos emergió como el hilo más controvertido, con al menos 12 trinos dedicados a justificar operaciones en Guaviare, Arauca y Caquetá contra disidencias de las FARC lideradas por Iván Mordisco. El 15 de noviembre, Petro detalló un bombardeo en Guaviare que neutralizó 34 combatientes y recuperó 35 fusiles, pero confirmó la muerte de seis menores reclutados forzosamente, incluyendo adolescentes de 15 a 16 años. En respuestas a la Defensoría del Pueblo e Iris Marín Ortiz, el presidente argumentó que suspender los ataques incentivaría más reclutamientos infantiles –reducción del 34% en su gobierno–, y que Mordisco violaba el Estatuto de Roma por reclutador de menores, prometiendo denunciarlo ante la Corte Penal Internacional. Citó el Derecho Internacional Humanitario (DIH) para diferenciar «menores combatientes» de civiles, afirmando que las columnas eran ofensivas y no visibles en inteligencia satelital. Sin embargo, esta postura generó contradicciones flagrantes: mientras avalaba bombardeos selectivos en selvas remotas para «salvar soldados» –como en un pelotón de 20 expuesto a 150 armados–, criticó duramente ataques estadounidenses a narcolanchas en el Pacífico, donde murieron 83 lancheros pobres sin armas letales. «El bombardeo a lancheros desarmados es ilegal», tuiteó el 16 de noviembre, proponiendo operaciones sin muertos como las de su policía, que incautó 3,4 toneladas de cocaína en La Guajira sin bajas. La hipocresía percibida –tolerar muertes colaterales en casa pero repudiarlas en el mar– no es nueva, pero en este festivo se amplificó, con opositores como María Fernanda Cabal acusándolo de «crímenes de guerra» y la izquierda progresista exigiendo suspensiones inmediatas. Petro replicó que su doctrina militar cambió para priorizar inteligencia y rescate de 2.411 menores en tres años, pero el tono defensivo –»prefiero la paz, pero soy comandante»– expuso tensiones internas en su «paz total», donde la presión militar suple fallidas negociaciones.
Los videos generados con IA marcaron otro pico de rareza, con al menos cinco publicaciones que rozaron lo teatral. El 16 de noviembre, Petro compartió un clip de 28 segundos mostrando «Colombia Libre», un montaje animado de multitudes gritando consignas contra su inclusión en la lista OFAC de Trump, superando un millón de vistas. Invitó a «gritar Colombia Libre» y firmar una petición en Change.org para inundar la Casa Blanca, pero el video –con rostros pixelados y voces sintetizadas– fue desmentido como deepfake por analistas, ya que replicaba escenas de protestas pasadas con acentos forzados y banderas ondeando en física imposible. Otro trino incluyó un video de Camilo Castro, liberado de una cárcel venezolana, expresando «lo más profundo de los objetivos humanos», pero editado con filtros IA para enfatizar amnistía general; críticos notaron inconsistencias en iluminación y sincronía labial. Estos materiales, presentados como evidencia de apoyo global, no solo avivaron ínfulas presidenciales –Petro se autodenominó «parresiasta» comparándose con Patrice Lumumba, asesinado por decir verdades–, sino que cayeron en la trampa de la desinformación: respondiendo a una cuenta falsa de Homeland Security que pedía strikes en México, Petro propuso cumbres en Pearl Harbor con China y EE.UU., pero el video adjunto era un collage IA de líderes mundiales inexistentes. Esta táctica, repetida en hilos sobre Ecopetrol y rentabilidad petrolera, donde gráficos manipulados mostraban «pérdidas» en Permian como prueba de transición energética, refuerza la percepción de un presidente que sacrifica rigor por viralidad, en un ecosistema donde la IA democratiza la mentira pero erosiona la confianza pública.
Las noticias falsas y contestaciones a cuentas no oficiales salpicaron el resto del festivo, con 20 trinos reaccionando a perfiles verificados pero no gubernamentales, como @gabodelascasas insinuando lujos de Verónica Alcocer en Suecia –»las llaves de los Gripen»–, o @RevistaSemana sobre retiros de ONU. Petro replicó con vehemencia, defendiendo la igualdad sueca y negando gastos erarios, pero cayó en imprecisiones: afirmó nominación al Nobel Alternativo sin adjuntar prueba verificable, y corrigió una «fake news» sobre Audifarma –socio del cuñado de Uribe– con inspecciones de SuperSalud que confirmaban acaparamiento, pero sin enlaces directos. Un hilo sobre Armero conmemoró la tragedia de 1985, criticando fallas estatales pasadas, pero extrapoló lecciones climáticas sin datos actualizados, generando debates sobre prevención en UNGRD, entidad que él mismo acusó de corrupción heredada de Santos. Otro error: tuiteó sobre «captura de Flypper» del Tren de Aragua en Cúcuta, pero el enlace a NTN24 confirmaba la noticia, aunque exageró su rol como «segundo al mando» sin fuentes oficiales. Estas respuestas impulsivas –a menudo nocturnas, como el de las 23:52 del 16 sobre cannabis legal para reducir violencia– no distinguen cuentas oficiales de parodias, amplificando rumores: un trino sobre «Ñeñe» Hernández y aspirantes presidenciales con montajes IA fue citado por 6.300 veces, pero carecía de contexto verificable.
En temas domésticos, Petro tocó pensiones –elevando subsidios para 3 millones de ancianos de 80.000 a 230.000 pesos–, salud con críticas a EPS ligadas a ex presidentes, y reforma agraria con 10.000 hectáreas en Catatumbo. Internacionalmente, celebró el «NO» ecuatoriano a Noboa, proponiendo confederación bolivariana, y respondió a Trump con propuestas de diálogo antinarcóticos, pero contradijo su propia línea al alabar incautaciones sin muertos mientras defendía bombardeos letales. El 17 de noviembre, un hilo sobre prisiones –inspirado en «Los Informantes» de Caracol– humanizó la justicia, pidiendo descongestión de URIs, pero derivó en promesas vagas al nuevo ministro Copete sin plazos.
Este maratón de 74 trinos no fue solo catarsis; fue un espejo de un gobierno en crisis comunicacional. Petro, que usa X para sortear medios tradicionales, ignora que la velocidad genera errores: fake news como los sobrecostos Gripen se viralizan antes de correcciones, bombardeos se justifican con DIH selectivo, y videos IA –como el de «Colombia Libre»– se desmontan en horas, alimentando ciberlinceo. En un país donde la desinformación cuesta vidas –reclutamientos infantiles, polarización–, esta práctica obsesiva no fortalece lazos; los rompe. La ausencia de un equipo que filtre –como en la Casa Blanca o Palacio de La Moncloa– convierte al presidente en su peor editor, priorizando el yo sobre el nosotros. Tres años después de asumir, X sigue siendo su fortaleza y su talón de Aquiles: un espacio donde la verdad compite con el ruido, y el ruido, lamentablemente, gana.
Todos los derechos reservados El Pirobo news