

El presidente Gustavo Petro volvió a usar tragedias personales para construir un relato de persecución política. Sin evidencia, afirmó que dos muertes recientes —un chef en Ibagué y una abogada en Bucaramanga— fueron “asesinatos por odio”, aunque los reportes oficiales y testigos apuntan a un paro cardiorrespiratorio y un posible suicidio.
Una vez más, el presidente Gustavo Petro recurrió a su red social favorita, X (antes Twitter), para lanzar graves acusaciones sin pruebas. En esta ocasión, vinculó la muerte de dos personas —Cristian Montaño, un chef en Ibagué, y Sandra Cecilia Serrano Rodríguez, abogada en Bucaramanga— con un supuesto “odio nazi” de sus opositores. Las versiones oficiales, sin embargo, desmienten por completo la narrativa presidencial.
El mandatario escribió: “Han llenado de odio desde los púlpitos de los gobiernos locales. Y producen muerte. Y esto, señores de la prensa, no es una narrativa mentirosa”. Con ese mensaje, Petro no solo acusó a sectores críticos de ser responsables de asesinatos políticos, sino que también volvió a señalar a los medios de comunicación como generadores de violencia, sin aportar un solo elemento verificable que respalde sus afirmaciones.
Cristian Montaño, reconocido chef de 37 años en Ibagué (Tolima), murió el pasado 30 de septiembre tras una riña en el parque Centenario, donde discutió con un hombre identificado como Juan Felipe por motivos políticos. Según testigos, el altercado comenzó luego de que Montaño celebrara la visita de Petro a la ciudad. Su agresor lo golpeó con una guadua, pero las primeras versiones médicas indican que el chef sufrió un paro cardiorrespiratorio sin signos de heridas mortales.
“Lo único que sabemos es que era un tema entre personas conocidas y que el fallecimiento se dio por un paro cardiorrespiratorio; no tenía heridas visibles”, explicó Francisco Espín, secretario de Gobierno de Ibagué.
Testigos citados por El Nuevo Día relataron que Montaño se refugió en su vehículo tras el altercado y comenzó a asfixiarse dentro del carro, sin recibir atención médica a tiempo. Videos en redes sociales muestran a los policías intentando reanimarlo, confirmando el testimonio de los presentes.
Pese a esos hechos, el presidente Petro afirmó: “Lo asesinaron por simpatizar con mis ideas y mis acciones. Lo golpeó un individuo loco de nazismo en su corazón”. Sin pruebas, el mandatario convirtió una muerte accidental en un supuesto crimen político.
El segundo caso usado por Petro para reforzar su discurso fue el de Sandra Cecilia Serrano Rodríguez, abogada santandereana de 53 años que participó como demandante en el proceso judicial contra el exalcalde de Bucaramanga, Jaime Andrés Beltrán, por doble militancia. Serrano fue hallada sin vida el 1 de octubre en una oficina del barrio Sotomayor, junto a un plato, un vaso y una nota que decía: “Ojo, no tocar plato, ni pan, ni vaso, ni marcador”.
El CTI de la Fiscalía confirmó que no presentaba signos de violencia y que la principal hipótesis es la de un suicidio. Amigos de la abogada, como Juan Nicolás Gómez, afirmaron que ella sentía miedo por el proceso judicial, pero no existían amenazas comprobadas en su contra.
El exalcalde Jaime Beltrán lamentó la muerte y pidió no relacionarla con su caso: “Esa persecución política viene de años atrás. Pero recuerden: así como en la vida, en la política no todo vale”.
Pese a la evidencia y las declaraciones oficiales, Petro escribió en X: “Han asesinado a Sandra Cecilia Serrano, abogada santandereana que demandó la investidura del alcalde Beltrán. En Santander también hay personas con odio en su corazón; que los comuneros los venzan con amor”.
Ambos casos siguen un patrón ya visible en la estrategia discursiva del presidente: usar tragedias personales para alimentar un relato de persecución política. Como en episodios anteriores, Petro se apropia de la muerte de simpatizantes reales o presuntos para reforzar su narrativa de víctima del odio “fascista”, mientras ignora los reportes de las autoridades que desmienten sus versiones.
Esta tendencia no solo profundiza la polarización, sino que trivializa el dolor de las familias involucradas. Mientras el país enfrenta crisis en seguridad, salud y economía, el presidente utiliza su tribuna digital para desviar la atención hacia disputas ideológicas, incluso a costa de la verdad.
“No hay pruebas, no hay contexto y no hay responsabilidad asumida. Hay, eso sí, un intento sistemático de moldear la opinión pública mediante el miedo y la manipulación emocional”, concluyó un analista político-
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