

El presidente Gustavo Petro desautoriza públicamente a la canciller Laura Sarabia, mientras refuerza su cercanía con Armando Benedetti. ¿Qué hay detrás de este quiebre en el corazón del poder diplomático colombiano?
La tensión entre la canciller Laura Sarabia y el presidente Gustavo Petro se ha hecho evidente durante las últimas semanas, y las señales de su distanciamiento no pasan desapercibidas. La funcionaria, que una vez fue considerada la mujer más poderosa del Gobierno por su control sobre la agenda presidencial y las decisiones clave de Palacio, ha sido desplazada en lo simbólico y en lo operativo. En contraste, el ministro del Interior, Armando Benedetti, gana terreno como la nueva mano derecha del jefe de Estado, a pesar de las múltiples controversias que arrastra.
El quiebre comenzó a visibilizarse en varios episodios puntuales. El más notorio fue la desautorización que hizo Petro a Sarabia por haber felicitado vía X (antes Twitter) al presidente Daniel Noboa por su reelección en Ecuador. Horas después, Petro desconoció públicamente esos resultados y señaló, sin evidencia, que hubo irregularidades en los comicios ecuatorianos. Días después, la canciller convocó a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores para hablar sobre la Ruta de la Seda con China, solo para que el presidente la desautorizara en público nuevamente, cancelando la reunión y dejando en claro que él lidera personalmente los asuntos exteriores del país.
La marginación no ha sido solo verbal. En el penúltimo Consejo de ministros, Sarabia fue ubicada en una silla periférica, lejos del lugar habitual junto al presidente. Mientras tanto, Benedetti y Angie Rodríguez, directora del DAPRE —una entidad donde actualmente también hay denuncias de presión laboral a sindicalistas—, ocupaban los puestos clave junto a Petro. El ambiente de Palacio se ha cargado de rumores, tensiones y fracturas internas, al punto que la gestión diplomática del país está siendo afectada por este pulso de poder.
La situación se torna más grave si se tiene en cuenta que Benedetti, sin funciones en política exterior, ha sostenido reuniones independientes con embajadores de Estados Unidos, China y la Unión Europea. Este tipo de acciones deslegitima el rol institucional de la Cancillería, y ha generado dudas sobre la coherencia de la política internacional colombiana. Sarabia, sin embargo, no ha dado señales de renunciar. Hace apenas unos días logró la elección de Laura Gil como secretaria adjunta de la Organización de Estados Americanos (OEA), una victoria diplomática en medio de un ambiente adverso.
“Yo soy el jefe de las relaciones exteriores de Colombia, dice la Constitución. Vamos a hablar con Xi Jinping de tú a tú, no como arrodillados”, dijo Petro en su más reciente intervención. Esta frase no solo dejó sin efecto la convocatoria de Sarabia, sino que consolidó el poder de la Presidencia sobre la Cancillería, exponiendo una lucha interna que ya es inocultable.
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