

Facturas por más de $4,2 millones registradas como “gastos de producción” generaron cuestionamientos sobre la gestión del sistema de medios públicos.
Una nueva polémica surgió en torno al Sistema de Medios Públicos RTVC, luego de que se hicieran públicas una serie de facturas que evidenciaban gastos por más de $4,2 millones en alimentos y bebidas alcohólicas, los cuales habrían sido registrados como “gastos de producción” dentro de un contrato de prestación de servicios.
La situación fue dada a conocer por el congresista electo Daniel Briceño, quien divulgó dos facturas específicas por valores de $1.907.667 y $2.317.389, respectivamente. Según lo expuesto, estos consumos habrían sido cubiertos mediante un contrato cercano a los $30 millones, lo que generó cuestionamientos inmediatos sobre la naturaleza y justificación de dichos gastos.
Dentro de los productos registrados en las facturas se mencionaron bebidas alcohólicas como whisky, aguardiente y vino, así como alimentos considerados de alto costo, entre ellos jamón de bellota, crudo de atún y pulpo a la parrilla, todos consumidos en un restaurante ubicado en el norte de Bogotá. Estos elementos fueron incluidos, según la denuncia, como parte de los gastos asociados a actividades de producción.
El punto central de la controversia radicó en la clasificación de estos consumos como “gastos de producción”, lo que abrió un debate sobre si este tipo de erogaciones corresponde efectivamente a las necesidades operativas de un sistema de medios públicos financiado con recursos del Estado. La inclusión de este tipo de gastos dentro de contratos oficiales generó inquietudes sobre los criterios de ejecución presupuestal y los controles internos aplicados.
De acuerdo con la información disponible en el portal de contratación pública SECOP, el contrato en cuestión estuvo vigente durante un periodo de tres meses, entre octubre y diciembre, y tenía como objeto el desarrollo de actividades de producción general para atender las necesidades del sistema RTVC. Sin embargo, la naturaleza específica de los gastos reportados generó dudas sobre su relación directa con dichas funciones.
El congresista que realizó la denuncia cuestionó el manejo de los recursos y planteó que, bajo su interpretación, este tipo de consumos no correspondería a un uso adecuado del dinero público. Además, advirtió que este caso podría ser solo una muestra inicial de posibles irregularidades más amplias dentro del sistema.
La polémica se desarrolló en un contexto donde el uso de recursos públicos ha sido objeto de constante escrutinio, especialmente en entidades del Estado que manejan presupuestos destinados a la comunicación institucional. En este escenario, la transparencia en la ejecución contractual y la justificación de los gastos se convierten en elementos fundamentales para mantener la confianza ciudadana.
Hasta el momento en que se conoció la información, no se había registrado un pronunciamiento oficial por parte del gerente del sistema, Hollman Morris, frente a las facturas mencionadas ni sobre los detalles del manejo de estos recursos dentro del contrato señalado.
En consecuencia, el caso dejó abiertas múltiples preguntas sobre los mecanismos de control, la supervisión de los contratos y la forma en que se clasifican los gastos dentro de entidades públicas, reactivando el debate sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia sobre el uso de recursos del Estado.
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