

El ministro del Interior aseguró que el retiro del general (r) Edwin Urrego se basó en un informe de inteligencia que lo vincula a un supuesto plan contra el presidente Petro. El oficial anunció acciones legales.
Un nuevo choque sacude al Gobierno Nacional. El ministro del Interior, Armando Benedetti, afirmó que el retiro del brigadier general (r) Edwin Urrego de la Policía Nacional se fundamentó en un informe de inteligencia que lo vincularía a un presunto plan para “entrampar” al presidente Gustavo Petro. La declaración se produjo luego de que Urrego anunciara acciones legales para controvertir su salida y cuestionara públicamente los motivos de su desvinculación.
El general retirado sostuvo en entrevista que su salida no estaría relacionada con un supuesto complot, sino con allanamientos judiciales realizados en noviembre de 2025 en la residencia del propio ministro Benedetti. Según su versión, esa actuación habría generado tensiones internas que terminaron afectando su permanencia en la institución.
Benedetti rechazó tajantemente esa hipótesis a través de redes sociales. Insistió en que el retiro del oficial no tuvo relación alguna con los operativos judiciales y sostuvo que la decisión se basó exclusivamente en información de inteligencia que habría sido conocida por el presidente de la República. Además, retó al general a responder directamente los señalamientos realizados por el jefe de Estado.
El cruce de versiones dejó al descubierto una fractura pública entre dos figuras clave del aparato estatal: el ministro encargado del orden público y un alto oficial que ocupó posiciones estratégicas en la Policía Nacional. Urrego confirmó que acudirá a instancias judiciales para controvertir el acto administrativo que formalizó su retiro.
El enfrentamiento público entre un ministro del Interior y un general retirado no es un hecho menor: expone tensiones profundas dentro del núcleo de seguridad del Estado y abre interrogantes sobre el uso de informes de inteligencia en decisiones administrativas de alto nivel.
El impacto político es inmediato. En un contexto marcado por cifras de inseguridad en aumento, emergencias climáticas en varias regiones y una fuerte polarización preelectoral, la confrontación agrava la percepción de inestabilidad institucional. La discusión no se limita a un conflicto personal; toca fibras sensibles como la credibilidad de los organismos de inteligencia, la autonomía de la Policía y la transparencia en decisiones que afectan la seguridad nacional.
Para el Gobierno del presidente Petro, el episodio añade presión en un momento complejo. Las acusaciones cruzadas alimentan la narrativa de divisiones internas y posible instrumentalización política de informes reservados. Aunque no se han revelado detalles del documento de inteligencia mencionado por Benedetti, la sola referencia a un supuesto plan para “entrampar” al mandatario eleva el tono del debate.
Urrego, por su parte, al anunciar acciones legales, traslada el conflicto al terreno judicial. Esto podría abrir la puerta a revelaciones adicionales sobre los procesos internos, los informes utilizados como sustento y la cronología real de los hechos que desembocaron en su retiro. La controversia podría escalar si los tribunales ordenan exhibir documentos o revisar la legalidad del procedimiento.
Más allá de los protagonistas, el país enfrenta el costo político e institucional del enfrentamiento. La ciudadanía observa un pulso público en el núcleo del poder mientras persisten problemas urgentes en materia de seguridad, orden público y gobernabilidad. La estabilidad de las instituciones encargadas de la seguridad se convierte así en una preocupación central en medio de un clima político cada vez más tensionado.
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