

El movimiento therian gana visibilidad en redes sociales, donde jóvenes comparten contenidos imitando comportamientos animales. Las recientes denuncias por presuntas agresiones reabren el debate sobre límites y convivencia.
En redes sociales como TikTok, Instagram y YouTube ha ganado visibilidad el fenómeno conocido como “therian”, un término utilizado por personas que aseguran sentirse identificadas con un animal a nivel psicológico, emocional o espiritual, sin afirmar que lo sean de manera literal. La tendencia ha encontrado especial eco entre adolescentes y jóvenes, quienes comparten videos imitando comportamientos animales, utilizando máscaras, colas artificiales y realizando movimientos asociados a lobos, felinos u otras especies.
El concepto “therian” proviene de la palabra “therianthropy”, que históricamente alude a la creencia o sensación de tener una conexión interna con un animal. En el contexto actual digital, quienes se identifican como therians sostienen que no se trata de una fantasía ni de un juego de roles, sino de una forma de identidad personal. Sus defensores argumentan que es una expresión legítima de autopercepción y que debe respetarse como parte de la diversidad de experiencias humanas.
Sin embargo, la viralización del fenómeno ha generado controversia. Mientras algunos usuarios lo consideran una manifestación creativa o una subcultura juvenil más dentro del ecosistema digital, otros lo interpretan como una posible señal de problemas emocionales o de identidad, especialmente cuando involucra comportamientos que trascienden lo simbólico y afectan la convivencia en espacios públicos.
La discusión se intensificó recientemente tras denuncias de ciudadanos que aseguran haber sido mordidos o agredidos por personas que se identifican como therians. Aunque no existen cifras oficiales que permitan dimensionar la magnitud de estos casos, los reportes difundidos en redes han abierto un debate sobre los límites de este tipo de conductas y la responsabilidad individual en entornos compartidos.
Especialistas en salud mental coinciden en que toda expresión identitaria merece ser abordada con respeto, pero advierten que cualquier conducta que implique agresión física o vulneración de derechos debe ser tratada como un asunto de convivencia y eventualmente de intervención profesional.
Expertos en psicología señalan que la adolescencia es una etapa de exploración identitaria, donde es común adoptar estéticas, roles o comunidades que permiten experimentar pertenencia y diferenciación. En ese sentido, el fenómeno therian podría interpretarse como parte de dinámicas propias de la cultura digital, donde las subculturas se amplifican rápidamente y encuentran validación colectiva.
No obstante, los especialistas también advierten que cuando estas expresiones derivan en comportamientos compulsivos, aislamiento extremo o conductas agresivas, es necesario evaluar el contexto individual. La línea entre una expresión simbólica y una alteración que requiera acompañamiento profesional depende de factores como la funcionalidad social, la percepción de realidad y la capacidad de distinguir entre identidad simbólica y comportamiento literal.
El debate público se mueve entre dos polos: quienes consideran que el fenómeno representa simplemente una moda digital más, similar a otras tendencias virales juveniles, y quienes advierten que podría reflejar una crisis más amplia de salud mental en una generación marcada por el aislamiento social, la hiperconectividad y la exposición constante a contenidos que refuerzan comunidades identitarias específicas.
Por ahora, no existe un pronunciamiento oficial de autoridades sanitarias sobre el fenómeno en Colombia, ni estudios estadísticos que indiquen que se trate de un problema de salud pública. Sin embargo, la conversación continúa creciendo en redes sociales, donde el tema ya divide opiniones y genera interrogantes sobre identidad, libertad individual y límites de convivencia.
El fenómeno therian evidencia, una vez más, cómo las plataformas digitales no solo amplifican tendencias, sino que también se convierten en escenarios donde se redefinen conceptos de identidad, comunidad y normalidad social. La discusión apenas comienza y seguramente seguirá evolucionando en la medida en que más voces —académicas, médicas y sociales— entren en el debate.
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