

La recaptura del operador financiero del chavismo reactiva viejos cuestionamientos sobre la relación profesional que sostuvo durante años con el hoy candidato presidencial.
La reciente recaptura de Alex Saab volvió a poner su nombre en el centro del debate político colombiano, no solo por su rol como uno de los principales operadores financieros del régimen de Nicolás Maduro, sino por las consecuencias colaterales que su historial sigue teniendo en Colombia. Una de ellas es la presión que recae sobre Abelardo de la Espriella, hoy aspirante presidencial y una de las figuras más visibles de la derecha, cuya trayectoria profesional quedó estrechamente vinculada durante años a la del empresario barranquillero.
La relación entre ambos no fue marginal ni ocasional. Saab fue cliente de la firma De la Espriella Lawyers durante un periodo prolongado que se extendió aproximadamente entre 2013 y 2019. En esos años, el abogado lo representó en distintos procesos, incluidos asuntos penales relacionados con investigaciones por presunto lavado de activos en Colombia. Esa relación profesional, reconocida públicamente por el propio De la Espriella, coincidió con una etapa de notable expansión de su firma jurídica, según registros periodísticos de la época.
El propio Saab se refirió a ese vínculo en 2021, en una entrevista con El Espectador, donde afirmó que De la Espriella ejerció como su abogado durante varios años, que dejó de serlo tiempo después y que mantenían una relación de amistad, aclarando que las diferencias políticas no interferían con el ejercicio profesional. Sin embargo, la controversia no radica únicamente en la existencia de una relación abogado-cliente, sino en el contexto político y judicial que rodeaba a Saab, quien con el paso del tiempo fue identificado por autoridades estadounidenses como un operador clave del chavismo y terminó incluido en la lista de sancionados del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
De la Espriella ha sostenido que su retiro del caso se produjo cuando Saab fue incorporado a la lista OFAC y que, a partir de ese momento, cortó toda relación profesional. No obstante, esa versión ha sido sometida a un escrutinio persistente. Diversos periodistas y analistas han cuestionado la ausencia de documentos que acrediten una renuncia formal a la defensa, lo que derivó incluso en enfrentamientos judiciales con comunicadores como Daniel Coronell, así como en críticas desde columnas de opinión firmadas por Ana Bejarano en Cambio.
Uno de los episodios más polémicos asociados a esa relación fue la fallida captura de Saab el 25 de septiembre de 2018. La Fiscalía y la Dijín tenían órdenes de captura en su contra por presunto lavado de activos por una suma cercana a los 25.000 millones de pesos. El operativo fracasó luego de que el analista de interceptaciones de la Dijín, Eddie Andrés Pinto, alertara a los buscados, permitiéndoles huir. Posteriormente, Pinto fue capturado y condenado por cohecho y violación ilícita de comunicaciones.
En el proceso judicial, el patrullero confesó haber entregado información del operativo a la firma De la Espriella. Según el expediente, habría recibido un teléfono celular como parte de un soborno, entregado por María Paula Escorcia, abogada de la oficina. En su testimonio, Escorcia señaló que actuó siguiendo directrices de sus superiores y que su papel fue aparentar colaboración con el uniformado, quien incluso habría sugerido sacar del país a la familia Saab para evitar la captura. La decisión judicial también dejó constancia de que el policía esperaba recibir una suma adicional cercana a los 160.000 pesos.
Abelardo de la Espriella ha rechazado de manera reiterada esa versión. En su momento demandó a Bejarano por injuria y calumnia y, en entrevistas posteriores, aseguró que desconocía cualquier soborno y que su instrucción siempre fue colaborar con las autoridades. En diálogo con Univisión afirmó que nunca autorizó conductas irregulares y que su firma no participó en ningún acto ilegal.
La recaptura de Saab, luego de haber sido liberado en 2023 en un canje de prisioneros y reincorporado al Gobierno venezolano como ministro, reactivó con fuerza estas discusiones. Su detención fue interpretada como un golpe político con eco inmediato en Colombia. Figuras públicas y aspirantes presidenciales aprovecharon el momento para cuestionar la coherencia del discurso antichavista de De la Espriella frente a su pasado como abogado de uno de los hombres más cercanos al poder en Caracas.
Desde distintos sectores llegaron los señalamientos. Claudia López difundió un video en redes sociales en el que pidió cárcel para Saab y lanzó una referencia directa a De la Espriella. Jennifer Pedraza ironizó sobre quiénes habrían defendido más al empresario, mientras Sergio Fajardo se sumó al debate con un mensaje sarcástico sobre quién asumiría su defensa tras la captura.
De la Espriella ha intentado cerrar el flanco reiterando que fue engañado inicialmente por Saab sobre sus vínculos con el régimen venezolano y que, una vez conoció la verdad, lo habría instado a colaborar con las autoridades estadounidenses. En entrevista con RCN Noticias aseguró que, al confirmarse la relación de Saab con el chavismo, le sugirió hablar con las agencias norteamericanas para evitar un desenlace judicial más complejo, afirmando incluso que facilitó ese acercamiento.
Aun así, la recaptura de Saab volvió a instalar una pregunta incómoda en plena campaña presidencial: hasta qué punto una relación profesional pasada, rodeada de episodios judiciales y controversias no resueltas del todo, puede convertirse en un lastre político para quien hoy aspira a gobernar el país.
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