

Diosdado Cabello negoció con el ELN el tránsito de cocaína en la frontera con Colombia, según acusación de EE. UU.
La acusación formal presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, revela un entramado de narcotráfico en el que figura directamente Diosdado Cabello, ministro del Interior, Justicia y Paz del régimen venezolano. El documento, hecho público por la fiscal general Pamela Bondi, detalla que Cabello realizó desplazamientos a la frontera con Colombia con el objetivo de sostener contactos operativos con estructuras del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en función de garantizar el tránsito de cocaína por territorio venezolano.
Según el indictment, estas acciones no fueron hechos aislados ni producto de encuentros fortuitos. Por el contrario, formaban parte de un esquema criminal estructurado y sostenido en el tiempo, orientado a asegurar la salida de grandes cargamentos de cocaína desde Colombia hacia mercados internacionales, principalmente Estados Unidos. El documento señala que Maduro y sus colaboradores “han trabajado durante décadas con algunos de los narcotraficantes y narcoterroristas más violentos del mundo”, apoyándose en funcionarios corruptos para mover toneladas de droga a través de rutas controladas por el régimen.
La acusación establece que Cabello actuó como uno de los principales articuladores entre el régimen venezolano y organizaciones armadas ilegales colombianas, entre ellas el ELN y las disidencias de las Farc, que controlan zonas clave de producción de cocaína en regiones montañosas de Colombia. Según la Fiscalía estadounidense, estas alianzas permitieron el envío de cargamentos que oscilaban entre cinco y seis toneladas de cocaína por buque, llegando incluso a despachos de hasta 20 toneladas, protegidos por altos mandos militares venezolanos.
El documento judicial también detalla que Cabello visitaba pistas aéreas clandestinas controladas por el ELN en zonas cercanas a la frontera colombo-venezolana, con el fin de garantizar el paso seguro de la droga hacia Venezuela. Desde allí, la cocaína era enviada mediante vuelos autorizados por funcionarios militares del régimen o a través de rutas aéreas clandestinas diseñadas para evadir los sistemas de control regionales. Estas operaciones, según el Departamento de Justicia, fortalecieron financieramente a organizaciones catalogadas como narco-terroristas y consolidaron al régimen venezolano como un actor central del tráfico de cocaína en el hemisferio.
Las revelaciones se producen en un momento de alta tensión dentro del chavismo, marcado por la captura de Maduro y por los cuestionamientos internos sobre posibles traiciones dentro de la cúpula del régimen. Mientras Cabello reaparece públicamente junto a miembros de las Fuerzas Armadas venezolanas reafirmando consignas de lealtad, la acusación estadounidense expone el alcance real de las relaciones entre el poder político venezolano y las estructuras criminales que operan en la frontera con Colombia.
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