

El gerente del sistema de medios públicos quedó en el centro de la polémica tras difundir información falsa sobre Maduro y enfrentar nuevas denuncias por presunta censura y activismo político
La crisis de credibilidad de RTVC ya no es una sospecha: es un hecho. En la madrugada del 3 de enero, mientras Estados Unidos ejecutaba la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro, Hollman Morris interrumpió la programación de la radio pública para desmentir la noticia. “Una palabra de cinco letras: falso”, dijo, asegurando que supuestas fuentes del régimen venezolano negaban la captura. La afirmación resultó ser completamente falsa.
Más de tres días después, Maduro ya había comparecido ante un juez federal en Estados Unidos, pero el gerente del Sistema de Medios Públicos no rectificó ni ofreció disculpas. Su única reacción fue rechazar la intervención militar estadounidense, insistiendo en que RTVC no “le lavaba la cara” al régimen chavista. Una defensa que, lejos de aclarar, profundizó las dudas sobre el rol político que hoy cumple el medio estatal bajo su dirección.
El episodio destapó viejas heridas dentro de RTVC. Periodistas y extrabajadores comenzaron a relatar públicamente situaciones de presunta censura editorial, especialmente relacionadas con Venezuela. El periodista Juan José Macía recordó que tras el fraude electoral del 28 de julio de 2024 en ese país, recibió la orden directa de no tocar el tema en el noticiero. “De Venezuela no se habla”, habría sido la instrucción. El director de emisión en ese momento era Pablo Bastidas, hombre cercano a Morris.
No se trata de un caso aislado. EL PIROBO ha documentado desde 2024 testimonios de trabajadores del sistema de medios públicos que denunciaron maltrato laboral, presiones editoriales y la existencia de “censores” encargados de definir a quién se podía invitar y qué temas podían abordarse. Uno de los relatos más graves apunta a la negativa sistemática de entrevistar a figuras críticas del chavismo, como representantes de Human Rights Watch, o a políticos de oposición en Colombia.
La situación se agravó en 2025 con nuevas denuncias, entre ellas la de la comunicadora Cielo Reyes, quien aseguró que existían órdenes explícitas de no cubrir noticias favorables a administraciones locales que no fueran afines al Gobierno Petro, como los avances del Metro de Bogotá, y de excluir voces de partidos tradicionales y de oposición. Todo esto bajo la bandera de un supuesto “periodismo público”, que en la práctica opera como trinchera ideológica.
A este escenario se suma ahora un frente disciplinario. El concejal de Bogotá Daniel Briceño presentó una solicitud formal ante la Procuraduría General de la Nación para que se suspenda e investigue a Morris por presunta participación indebida en política. El detonante fue un mensaje publicado por el gerente de RTVC el 31 de diciembre de 2025, en el que afirmó que se avecinaban meses de confrontación entre “fascismo o democracia” y aseguró que el sistema de medios públicos estaría “defendiendo la Constitución del 91”.
Para Briceño, ese pronunciamiento viola abiertamente el deber de imparcialidad que rige a los funcionarios públicos y confirma que RTVC dejó de ser un medio de todos para convertirse en una herramienta militante del petrismo. La Procuraduría aún no se pronuncia, pero el daño institucional ya está hecho.
La “mala hora” de Hollman Morris no es un accidente. Es la consecuencia directa de poner a un activista político a dirigir un sistema de medios financiado con los impuestos de todos los colombianos. Cuando la propaganda reemplaza al periodismo y la ideología suplanta a la verificación, el resultado es desinformación, censura y pérdida de confianza. Exactamente lo que hoy ocurre en RTVC.
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