

Caso envenenamiento niñas Los Nogales: Fiscalía rastreó frambuesas contaminadas con talio a Zulma Guzmán, empresaria ligada a Juan de Bedout
La Fiscalía General de la Nación reconstruyó el envenenamiento que acabó con la vida de las estudiantes Inés de Bedout y Emilia Forero el 5 de abril de 2025 en un apartamento del barrio Rosales, en el norte de Bogotá, donde un frasco de frambuesas achocolatadas, enviado como «regalo» por un mensajero insistente, contenía talio, un metal tóxico letal e indetectable. Ocho meses después, el 3 de diciembre de 2025, la entidad emitió orden de captura contra Zulma Guzmán Castro, empresaria de Car-B y Shark Tank Colombia, quien huyó a Argentina tras el crimen. La investigación, que involucró análisis toxicológicos, registros de mensajería y testimonios, vinculó a Guzmán con Juan de Bedout, padre de Inés, y levantó sospechas sobre la muerte de su primera esposa en 2023, también por talio según fuentes de la Fiscalía.
El 5 de abril, tres menores –Inés, Emilia y otra amiga– y un joven hermano de Inés se reunieron para preparar galletas tras clases en el Colegio Los Nogales. Un domiciliario entregó el paquete con instrucciones precisas de la remitente: «regalo para la familia». Las niñas probaron las frambuesas; horas después, vómitos, náuseas y dolor abdominal llevaron a la Fundación Santa Fe. Inés y Emilia murieron el 9 de abril pese a cuidados intensivos; el joven sobrevivió con secuelas. La Secretaría de Salud de Bogotá detectó talio en los primeros análisis, un metal prohibido en Colombia desde 1920 por su toxicidad.
El Instituto Nacional de Salud (INS) explicó que el talio, incoloro, insípido e inodoro, fue usado en el siglo XIX para malaria y sífilis, y luego como rodenticida, causando intoxicaciones masivas. Según guías toxicológicas del Ministerio de Salud, provoca dolor gastrointestinal inicial, fase «gripal» con decaimiento, y síntomas neurológicos graves como taquicardia y trastornos psiquiátricos. Dosis de 12-15 mg/kg son mortales; 200 mg en adultos bastan para fallecimiento. El diagnóstico es difícil por síntomas inespecíficos, como en el caso de 31 intoxicados en EE.UU. en 1932 por tortillas contaminadas.
La Fiscalía rastreó el envío a Guzmán, quien compró las frambuesas en línea el 25 y 26 de marzo, contaminándolas antes de coordinar el domicilio. Su relación cercana con Bedout, tensa por celos, motivó el crimen de venganza; Bedout había roto con ella tras la muerte de su primera esposa en 2023, también por talio según peritajes preliminares. Guzmán huyó a Argentina el 10 de abril, pasando por Brasil, España y Reino Unido; el 25 de octubre, un juez emitió orden de captura y circular roja de Interpol.
El 5 de diciembre, Guzmán envió un WhatsApp a conocidos desde Argentina: “Me acusan de enviar un veneno que mató a niñas. No huí; estoy aquí por estudios. Acusado públicamente sin juicio. Ojalá me defiendan quienes me conocen”. Admitió relación clandestina con Bedout, pero negó conocimiento de la investigación.
La Fiscalía, con análisis toxicológicos, registros de mensajería y testimonios, confirmó concentración “impresionante” de talio en las víctimas. Guzmán, fundadora de Car-B, enfrenta cargos por homicidio agravado; la Interpol la busca en 196 países. La familia Bedout y Forero exigió justicia; el caso, bajo reserva, podría involucrar red de apoyo.
Desde una perspectiva crítica, el envenenamiento no es crimen aislado; es el eco de una sociedad donde el talio, arma homicida silenciosa, simboliza venganzas impunes. Guzmán, de emprendedora televisiva a prófuga, pagará por un acto que robó dos vidas y destrozó familias. Colombia, con 578 niños reclutados en 2025, clama no venenos invisibles, sino justicia visible.
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