

Karen Santos acusó a Ricardo Leyva de golpizas, humillaciones y persecución con cuchillo: “Me obligaba a inventar accidentes”
La exesposa del empresario de conciertos Ricardo Leyva, Karen Santos, rompió el silencio en una entrevista con la revista Cambio publicada el 30 de noviembre de 2025, donde denunció cinco años de violencia física, psicológica y económica durante su matrimonio, que incluyeron golpizas brutales, humillaciones constantes y amenazas de muerte con armas blancas. Santos, quien conoció a Leyva en la industria musical hace varios años y retomó la relación durante la pandemia tras vivir en Australia, relató que el matrimonio comenzó en 2020 y se mudaron a una casa en Lagos de Caujaral, Barranquilla, propiedad que Leyva afirmó haber construido desde cero, aunque ella la encontró en obra gris. Según su testimonio, el problema de Leyva con el alcohol detonaba episodios de agresividad extrema, donde la golpeaba hasta dejarla con traumatismos que requirieron cirugías reconstructivas y tratamientos neurológicos, y hoy pierde visión en el ojo derecho por las lesiones acumuladas.
Santos explicó que ocultó los abusos por miedo durante años, ya que Leyva la obligaba a inventar accidentes para justificar las heridas en consultas médicas, y la aisló sin recursos ni acceso a su teléfono. El episodio final ocurrió el 17 de julio de 2025, cuando Leyva rompió su celular al verla grabarlo y la persiguió con un cuchillo por la casa; dos estilistas presentes llamaron a la administración y a la Policía, pero los uniformados llegaron acompañando a Leyva y le exigieron su dispositivo, alegando no ver heridas visibles. Solo cuando Santos invocó su ciudadanía australiana y amenazó con recurrir a instancias internacionales, la Policía cambió de actitud y ordenó a Leyva retirarse. Esa noche, ella empacó lo esencial y huyó sin documentos, dinero ni teléfono, pues su esposo se llevó su billetera.
Quince días después, durante un concierto en Cali donde Santos trabajaba como líder de producción, Leyva la agredió nuevamente en un hotel, hecho registrado en cámaras de seguridad. Santos denunció que las amenazas continuaron: Leyva llamó a su hermano insinuando usar contactos políticos para «destruirlos», le negó pagos por meses de trabajo y trató de cancelar su cobertura médica pese a preexistencias derivadas de las golpizas. Sobre el cruce de casas entre Leyva y el ministro del Interior Armando Benedetti –explicado por el empresario como apoyo emocional tras su «abandono»–, Santos aclaró que un mes antes de separarse Leyva ya planeaba vender la propiedad, sin que ella supiera del interés de Benedetti ni la naturaleza de las transacciones. Afirmó que no lo abandonó; se fue por temor a morir.
Santos decidió hablar tras recibir una carta de Leyva amenazándola con demandarla por injuria y calumnia, lo que la impulsó a presentar una denuncia formal y entregar pruebas autorizadas: videos, audios, fotos, partes médicos y registros que documentan la violencia. Hoy, reencontrada con sus hijos en Australia y bajo ayuda profesional, se siente libre por primera vez: “Si me encontraban muerta, quería que supieran quién fue”.
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