

Mientras el presidente Gustavo Petro admite que está separado de su esposa, Verónica Alcocer sigue figurando como representante de Colombia en actos internacionales. Desde París hasta Dubái, su presencia diplomática ha generado cuestionamientos sobre legitimidad, recursos y poder simbólico.
El nombre de Verónica Alcocer sigue recorriendo el mundo con el sello de “representante del Estado colombiano”, a pesar de que el propio Gustavo Petro reconoció públicamente su separación. “Estamos separados hace años”, escribió el mandatario en su cuenta de X, el mismo día en que el gobierno de Estados Unidos incluyó a su esposa, su hijo Nicolás Petro Burgos y al ministro Armando Benedetti en la Lista Clinton (OFAC). El anuncio reveló una fractura que ya era un secreto a voces: Alcocer no vive en la Casa de Nariño, pero continúa ejerciendo funciones protocolares de representación nacional.
De acuerdo con reportes de prensa y documentos oficiales, Alcocer ha encabezado delegaciones colombianas en actos internacionales de alto perfil, incluso tras su distanciamiento del presidente. Su agenda de los últimos 12 meses incluye viajes a París, Egipto, Suecia, Dubái, Shanghái y el Vaticano, donde participó en eventos culturales, religiosos y diplomáticos. En abril de 2025, asistió al funeral del papa Francisco, acompañada por la entonces canciller Laura Sarabia y el embajador ante la Santa Sede. En julio de 2024, su última aparición pública junto a Petro fue en los Juegos Olímpicos de París, donde compartió con la primera dama francesa, Brigitte Macron.
Las fuentes de La Silla Vacía y El Colombiano señalan que Alcocer no reside en Bogotá, sino que alterna su tiempo entre Europa, Barranquilla y Cartagena, desde donde mantiene contacto con la Consejería para la Reconciliación. Aunque la Casa de Nariño insiste en que sus viajes se financian “con recursos personales”, los críticos cuestionan cómo una figura sin cargo público puede asumir roles diplomáticos, especialmente cuando el Tribunal de Cuentas y la Procuraduría han advertido que su designación podría violar el artículo 126 de la Constitución, que prohíbe nombrar familiares del presidente en cargos públicos.
Entre los destinos más controversiales destaca su paso por Egipto, donde se reunió con la primera dama Entissar Amer, esposa del presidente Abdel Fattah el-Sisi, para hablar sobre derechos de la infancia y cooperación social; y su visita a Shanghái, donde encabezó un encuentro con la viceministra de Relaciones Exteriores de China y funcionarios del Instituto Confucio. En febrero de 2025, participó en el Foro Global sobre la Lucha contra la Ceguera en Dubái, junto a representantes de la OMS. Su presencia, según diplomáticos consultados, “no está claramente amparada por ningún decreto vigente”.
A pesar de la polémica, Alcocer sigue proyectando una imagen de poder y protagonismo global que contrasta con el aislamiento político del presidente. Su rol internacional, carente de transparencia presupuestal, refuerza la percepción de una primera dama paralela al poder y alimenta el debate sobre la “institucionalización del nepotismo simbólico”. En medio de la crisis política que enfrenta el Gobierno Petro tras las sanciones de la Casa Blanca, la figura de Verónica Alcocer aparece como una extensión del conflicto entre la imagen pública del presidente y su fracturada vida privada.
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