

Las marchas del 7 de agosto en respaldo a Álvaro Uribe marcaron un pulso político con Gustavo Petro, evidenciando un debilitamiento del presidente en el terreno que antes dominaba: la movilización callejera.
El pasado 7 de agosto, fecha simbólica para la historia de Colombia, las calles de ciudades como Medellín, Bogotá y Cali fueron escenario de una multitudinaria movilización en respaldo al expresidente Álvaro Uribe Vélez. Convocadas en rechazo a la condena en primera instancia contra el líder del Centro Democrático por presunta manipulación de testigos, las marchas evidenciaron que el uribismo mantiene un importante músculo político en la calle, un terreno que hasta hace pocos años era capital político del hoy presidente Gustavo Petro.
Pese a las lluvias en varias regiones, miles de simpatizantes del exmandatario acudieron a las convocatorias, que fueron interpretadas como una demostración de fuerza opositora con miras a las elecciones de 2026. En Bogotá, la Plaza de Bolívar —con capacidad para cerca de 55.600 personas— recibió alrededor de 29.000 manifestantes, según la Secretaría de Gobierno, alcanzando el 52 % de su aforo.
En tono electoral, Uribe agradeció el respaldo: “Compatriotas, siento que mi corazón es pequeño. Necesito uno más grande para poder expresar a todos ustedes la infinita gratitud… Lo único que les pido es que afiancemos la elección de un gobierno que despeje los nubarrones para que brille la libertad en el coliseo de la patria”. La jornada también se convirtió en un escenario para criticar el gobierno de Petro, acusado por los asistentes de conducir al país hacia la crisis.
El presidente, por su parte, reaccionó en X publicando imágenes contrapuestas de la concentración en la Plaza de Bolívar, insistiendo en que su gobierno garantiza las libertades democráticas. En otro mensaje, cuestionó el sentido de la movilización: “Completamente.negativo marchar contra una sentencia de un juez. Marchar contra la justicia, como nos endilgaban falsamente”.
Expertos consultados advierten que, aunque la magnitud de estas marchas no garantiza un resultado electoral inmediato, sí representan un capital político importante para el uribismo. Cristian Rojas, jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, considera que “la narrativa de Petro como líder de las calles se debilita” y que el Centro Democrático tiene una oportunidad en la consulta interpartidista de octubre para medir su verdadera fuerza. Yann Basset, de la Universidad del Rosario, coincide en que el impacto electoral puede ser limitado, pero reconoce que el uribismo es una fuerza organizada y con capacidad de movilización.
La jornada se dio en un contexto político cargado: la reciente condena contra Uribe y el atentado contra el senador Miguel Uribe Turbay, sumados a una desaprobación presidencial del 58 % según la última encuesta Invamer, muestran un panorama en el que la calle podría ser decisiva para definir el clima político de cara a 2026.
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