

Gustavo Petro defendió su gestión en el Congreso, pero sus palabras, especialmente sobre la salud y los temas internacionales, desataron fuertes reacciones, tanto de la oposición como de sectores del público.
El presidente Gustavo Petro dio un discurso de casi tres horas en la instalación del nuevo período legislativo, un evento que estuvo marcado por una serie de controversias. En medio de críticas a la prensa, defensas de su gabinete, menciones a la paz total y críticas internacionales, Petro aprovechó para hacer un balance de su gobierno en su tercer año de mandato.
Uno de los puntos más polémicos del discurso fue cuando el mandatario se refirió a la Constitución de 1991. «Para muchas personas, la Constitución de 1886 sigue en su cabeza y en sus almas, no la han derogado en su espíritu,» dijo Petro, aludiendo al desdén que algunos sectores políticos tienen hacia la carta constitucional vigente. Aunque no mencionó explícitamente la convocatoria a una nueva Asamblea Constituyente, esta fue una de las ideas que sus seguidores han promovido, especialmente tras sus críticas al marco normativo actual.
En un tema relacionado con su pasado como congresista, Petro aprovechó para comparar el Congreso actual con el de su época de oposición. «Ya estamos a tercer año de mi gobierno y no está el 30% de los senadores presos», dijo, haciendo referencia a la parapolítica, un tema que marcó su carrera y que, según él, ha mejorado bajo su administración.
En cuanto a la justicia restaurativa, Petro defendió la idea de priorizar la verdad sobre el castigo, un tema que ha causado controversia dentro y fuera de su gobierno. «Pensar en el castigo solo es pura y simple venganza,» expresó, añadiendo que la reconciliación y el perdón son fundamentales para avanzar en la paz.
Críticas a la prensa fueron otra constante en el discurso. El presidente acusó a los medios de comunicación de calumniar y difamar su gobierno, señalando que «la prensa del capital» no habla de sus logros sino de mentiras. Esta crítica se sumó a su frecuente tensión con los medios, acusándolos de trabajar en contra de los intereses nacionales.
El tema de la paz total también fue central en su intervención, aunque Petro reconoció que este proceso no ha dado los resultados esperados. «Este gobierno no ha logrado la paz total», admitió, destacando que la violencia y el crimen siguen siendo un desafío importante. Aun así, defendió el esfuerzo y afirmó que la política de paz sigue siendo una prioridad para su administración.
Menciones internacionales también estuvieron presentes en su discurso. Petro volvió a referirse al conflicto de Gaza, relacionando la producción de carbón de Colombia con el conflicto en Medio Oriente. Según él, el 60% del carbón que llega a Israel proviene de Colombia, y utilizó esta cifra para señalar el papel de Colombia en la «industria de la guerra». «Ningún colombiano quiere ser cómplice de genocidio», agregó.
En cuanto a corrupción, Petro se defendió de los señalamientos que rodean a su gobierno. “No me he robado un solo peso desde que tengo una carrera política legal”, aseguró, haciendo referencia a los escándalos de corrupción que involucran a varios de sus funcionarios.
El mandatario también mencionó el caso del contrabandista Diego Marín, conocido como «Papá Pitufo», quien tiene nexos con políticos del país. Petro lo señaló como el mayor contrabandista de Colombia, acusando a ciertos políticos de estar involucrados en prácticas ilegales.
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