

En un encendido discurso desde Barranquilla, el presidente Gustavo Petro convocó a la movilización social contra el Congreso y lanzó afirmaciones que analistas califican como una amenaza directa al orden institucional en Colombia.
El presidente Gustavo Petro volvió a encender las alarmas institucionales en Colombia. Durante un cabildo abierto en Barranquilla, el mandatario lanzó una serie de declaraciones que han sido interpretadas como un llamado a la insurrección popular contra el Congreso, en represalia por el hundimiento de su propuesta de consulta popular y las derrotas legislativas que ha sufrido su reforma laboral.
El evento, realizado la noche del martes 21 de mayo en el Paseo Bolívar, fue convocado como parte de la ofensiva presidencial tras la negativa del Senado a tramitar su iniciativa de consulta. Pero lo que debía ser una jornada de diálogo ciudadano se convirtió en una peligrosa tribuna donde el jefe de Estado invocó movilizaciones masivas, cuestionó directamente al poder Legislativo y utilizó un lenguaje cargado de confrontación.
“Estamos ante un presidente que quiere incendiar el país para doblegar a otro poder público constitucionalmente independiente como lo es el Congreso de la República”, advirtió uno de los senadores presentes en la audiencia política.
Petro, recordando los estallidos sociales de 2019, 2020 y 2021, revivió el discurso de “enemigos del pueblo” y apuntó hacia sus opositores como los responsables del bloqueo a las reformas, sin hacer distinción entre democracia y desobediencia civil.
“Es un llamado al paro nacional, como el que hizo Gustavo Petro en el gobierno anterior, con efectos tan graves que fueron peores que la misma pandemia”, dijo un analista consultado.
Durante esas protestas, murieron decenas de personas, policías fueron asesinados o mutilados, y infraestructuras de transporte, estaciones de policía y sistemas públicos fueron destruidos. En lugar de distanciarse de esa violencia, Petro parece estar, según sus críticos, invitando a reeditarla.
El lenguaje utilizado por el mandatario ha sido tachado por expertos como una incitación directa a la confrontación, peligrosamente parecida al de líderes autoritarios en otros países. “Lo que es poco común es que se haga con un lenguaje de enemigos del pueblo y con incitaciones a la violencia”, denunciaron.
Incluso se han alzado voces solicitando que el presidente se someta a exámenes toxicológicos y psiquiátricos, tras considerar que su comportamiento y sus llamados públicos exceden los límites de lo aceptable para un jefe de Estado.
“Colombia no es un puñado de violentos que usa Petro para sembrar terror”, fue una de las frases más compartidas en redes sociales.
El discurso en Barranquilla ocurre en un momento de alta tensión política, donde el presidente parece decidido a gobernar desde las plazas, marginando al Congreso y alimentando la polarización nacional. ¿Es este el preludio de un nuevo estallido social?
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