

La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos no solo reconfiguró el mapa político de Venezuela, sino que también expuso un movimiento defensivo entre antiguos aliados y simpatizantes internacionales del chavismo, que ahora buscan desmarcarse del líder caído. Entre ellos destacan el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quienes hoy coinciden en rechazar la operación estadounidense y en negar cualquier vínculo de amistad con Maduro.
En el caso colombiano, el giro quedó en evidencia esta semana tras la llamada telefónica entre Gustavo Petro y el presidente estadounidense Donald Trump. El contacto, descrito por ambas partes como “cordial”, permitió bajar la tensión diplomática luego de días de confrontación verbal. Incluso, se anunció una invitación a la Casa Blanca para el mandatario colombiano, lo que marcó un intento de recomponer la relación bilateral tras la crisis regional.
Petro reconoció públicamente que, luego de hablar con Trump, modificó el discurso que tenía preparado para la Plaza de Bolívar. Según explicó, el mensaje inicial era mucho más duro y confrontacional, pero decidió suavizarlo tras el cambio de escenario diplomático. En ese contexto, volvió a insistir en la importancia del diálogo, la diplomacia y la no intervención como ejes de su política exterior.
Este distanciamiento discursivo no es nuevo. En noviembre pasado, el presidente colombiano ya había afirmado en su cuenta de X: “Yo no apoyo a Maduro”, subrayando que su postura frente a Venezuela busca una salida política y pacífica. Sin embargo, los registros históricos muestran una relación cambiante con el chavismo: desde afinidades ideológicas en los años de Hugo Chávez, hasta críticas abiertas al gobierno de Maduro por el colapso económico y la concentración de poder.
Como jefe de Estado, Petro optó por una postura pragmática: restableció relaciones diplomáticas con Caracas, defendió el diálogo regional y rechazó sanciones unilaterales, pero evitó reivindicar el modelo chavista. Medios internacionales como El País, Reuters, BBC e Infobae han descrito esta relación como una estrategia de realpolitik más que como una cercanía ideológica genuina.
Un movimiento similar se observa en España. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, durante años señalado como uno de los principales aliados internacionales del chavismo, hoy despliega una estrategia para despegarse de cualquier asociación directa con Nicolás Maduro. Tras la captura del mandatario venezolano, Zapatero ha buscado posicionarse como mediador y no como colaborador del régimen.
Según reportes de El Diario, el exmandatario español intenta presentarse como un puente entre la administración de Donald Trump y Delcy Rodríguez, actual presidenta interina de Venezuela. La narrativa que impulsa apunta a que habría contribuido a facilitar la salida de Maduro del poder, una versión que busca reformular su papel histórico ante la comunidad internacional.
Esta ofensiva reputacional incluye la normalización de la figura de Delcy Rodríguez, a quien Zapatero presenta como un perfil técnico y moderado, capaz de liderar una transición pacífica. El objetivo es distanciarse de los sectores más radicales del chavismo y proyectar una imagen de actor clave para la estabilidad regional.
El cambio de postura de Zapatero ocurre en un momento especialmente sensible. En España, su nombre genera tensiones dentro del PSOE y en el entorno del Gobierno de Pedro Sánchez, en medio de versiones sobre eventuales investigaciones en Estados Unidos relacionadas con su cercanía histórica al chavismo. Sectores de la oposición venezolana sostienen que este rol de mediador responde más a una estrategia de autoprotección política que a un interés genuino por la democracia venezolana.
Mientras Petro y Zapatero intentan reescribir su relación con el chavismo, el episodio deja en evidencia cómo la caída de Maduro ha obligado a antiguos aliados a recalcular posiciones, moderar discursos y tomar distancia pública de un régimen que hoy representa un alto costo político a nivel internacional.De acuerdo con el Dapre, la reunión con Rodríguez tiene como objetivo “avanzar en la construcción de la paz y la reconciliación del vecino país”, siendo el primer acercamiento entre Venezuela y Colombia tras la captura de Nicolás Maduro.
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