

La historia de la familia Turbay está atravesada por dos tragedias violentas con décadas de diferencia: la muerte de la periodista Diana Turbay en 1991 durante un fallido rescate, y la de su hijo, el senador Miguel Uribe Turbay, en 2025 tras 65 días de luchar por su vida luego de un atentado en Bogotá.
La muerte de una madre y, décadas después, la de su hijo, ambas en circunstancias violentas, vuelven a marcar de dolor la historia de una familia estrechamente ligada a la política nacional. Eso pensaron muchos el pasado sábado 7 de junio, cuando se conoció que Miguel Uribe Turbay, senador y precandidato presidencial, había sido víctima de un ataque sicarial en Bogotá. La tragedia nuevamente alcanzaba a un Turbay, apellido profundamente anclado en la memoria nacional por el episodio de la muerte de Diana Turbay en los años 90.
Miguel, de 39 años, falleció este lunes 11 de agosto tras luchar 65 días por su vida. Su madre, Diana Turbay, hija del expresidente Julio César Turbay Ayala y directora del noticiero Criptón, fue secuestrada en agosto de 1990 mientras intentaba entrevistar al cura Manuel Pérez, comandante del ELN. Aquella cita resultó ser una trampa del cartel de Medellín para retenerla. Diana, madre de dos hijos —María Carolina y Miguel—, pasó cinco meses en cautiverio en una finca de Copacabana, Antioquia.
El 25 de enero de 1991, el gobierno de César Gaviria y las autoridades organizaron un operativo de rescate. La operación no salió como estaba previsto: el Ejército fue atacado a bala, y Diana, en su intento de huida, recibió disparos por la espalda. Con tres graves heridas, alcanzó a llegar al Hospital General de Medellín, pero murió dos horas después. Su asesinato, junto al de Guillermo Cano, marcó un antes y un después en la historia del periodismo en Colombia.
Miguel tenía apenas cuatro años cuando su madre murió. Décadas después, recordó que “la vida de mi mamá, Diana Turbay, se convirtió en mi mayor inspiración y su causa en mi propósito de vida: un país sin violencia”. En 2021, en una entrevista con la revista Bocas, confesó que en su infancia sintió resentimiento por lo que percibía como un abandono, pero con los años transformó ese sentimiento en admiración.
Sin embargo, la violencia volvió a golpearlo. A un año de las elecciones presidenciales, mientras se perfilaba como candidato del Centro Democrático, un joven de 15 años le disparó en la cabeza cuando se acercaba a un grupo de simpatizantes en Bogotá. Fue trasladado a la Fundación Santa Fe, donde permaneció en la UCI hasta su fallecimiento. En una dolorosa coincidencia, Miguel deja un hijo de cuatro años, la misma edad que él tenía cuando perdió a su madre.
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