

Laura Sarabia, mano derecha del presidente Gustavo Petro, renunció al Ministerio de Relaciones Exteriores por diferencias irreconciliables sobre el contrato de pasaportes. La decisión generó un terremoto político en medio de tensiones internas.
La mañana del jueves 27 de junio de 2025 amaneció con un golpe político inesperado: Laura Sarabia presentó su renuncia como canciller de Colombia. Considerada una de las funcionarias más cercanas al presidente Gustavo Petro, su salida del Gobierno ha encendido las alarmas sobre las tensiones internas que atraviesa la administración nacional.
La dimisión se produjo tras un choque frontal entre Sarabia y el presidente Petro, por el polémico contrato para la expedición de pasaportes. Mientras ella buscaba renovar el acuerdo con la firma Thomas Greg & Sons, el mandatario ordenó, a través de su jefe de despacho Alfredo Saade, que el proceso sea asumido por la Imprenta Nacional en alianza con Portugal, desautorizando públicamente a la entonces ministra. La decisión presidencial encendió un debate sobre la viabilidad técnica y legal de esa alternativa, lo que derivó en la salida de Sarabia.
“Hay momentos en los que decir adiós es también una forma de cuidar”, expresó Sarabia en su carta de renuncia, una frase que ha sido interpretada por líderes políticos como un gesto de ruptura, pero también de silencio frente a decisiones que consideró imposibles de acompañar. Desde la oposición, el representante Andrés Forero fue tajante: “Lo que pretende hacer el presidente y Alfredo Saade es tan demencial que hasta la propia Laura Sarabia prefirió renunciar antes que seguir las inconvenientes órdenes presidenciales”.
La senadora María Fernanda Cabal cuestionó el silencio de Sarabia como una forma de complicidad: “Cuidar al otro con el silencio es exponer al país al ocultamiento de la verdad. El silencio no es cuidar, es traicionar la Constitución”. En ese mismo sentido, Esteban Quintero, senador del Centro Democrático, afirmó que la renuncia refleja “el deterioro moral y político del Gobierno Petro”, al que acusó de improvisación, persecución política y desprecio por las reglas institucionales.
“Se va la que no debió estar, la dueña de los más grandes secretos del Gobierno Petro. Se va cayendo lo que estaba flojo”, dijo el senador Germán Blanco.
La salida de Sarabia no solo reabre el debate sobre la gestión de la política exterior del país, sino que plantea serias dudas sobre la dirección del Gobierno en su recta final. Esta es una muestra más del colapso institucional en el servicio diplomático, “que ha sido reemplazado por cuotas políticas y alineado con regímenes autoritarios”.
La renuncia de quien fuera considerada el “polo a tierra” del presidente Petro, como lo definió el exsenador Humberto de la Calle, marca una fractura dentro del círculo de confianza del jefe de Estado. “¿La última mohicana?”, se preguntó de la Calle, sugiriendo que el Gobierno se queda sin contrapesos internos ante las decisiones más controvertidas del presidente.
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