

Traslado de Capo Desata Nueva Ola de Terror en el Sistema Penitenciario
Andrés Felipe Marín Silva, alias ‘Pipe Tuluá’, el intocable señor del crimen, fue trasladado el 4 de junio de 2025 desde la cárcel La Picota en Bogotá a la estación de Policía de Los Mártires, en un operativo que parecía sacado de una película de Hollywood. ¿La razón? Estados Unidos lo reclama por narcotráfico, un delito que lo pone en la mira de la DEA y promete una temporada en las frías celdas del Tío Sam. Pero ‘Pipe Tuluá’, lejos de bajar la cabeza, escupió veneno: panfletos firmados por su grupo “Muerte a Guardias Opresores” (Mago) declararon “objetivo militar” a los funcionarios del Inpec, a pesar de que ahora es la Policía Nacional quien lo custodia. El director del Inpec, coronel Daniel Gutiérrez, explicó que el traslado respondió a una solicitud policial para garantizar la seguridad en una estación con “infraestructura adecuada”.
El operativo, ejecutado entre las 6:00 y 7:00 de la mañana, involucró un helicóptero Black Hawk y comandos especiales, un despliegue que contrasta con la fragilidad del sistema carcelario colombiano. La estación de Los Mártires, que ha albergado a peces gordos como alias Otoniel y Carlos Lehder, fue elegida tras un “estudio técnico” de infraestructura y seguridad, según Gutiérrez. Pero las amenazas de ‘Pipe Tuluá’ no se detuvieron con el cambio de escenario. Panfletos circulantes, denunciados por el Inpec, advierten de un “plan pistola” contra los guardias, una estrategia que ya ha dejado 37 funcionarios asesinados durante el gobierno de Gustavo Petro. El Ministerio de Defensa, anunció “revistas constantes” a las cárceles y un trabajo articulado con la Policía.
En su momento, Marín Silva se pavoneó como “vocero de paz” en supuestos diálogos con el gobierno de Petro, una farsa que le valió privilegios en La Picota, como una celda privada y un estatus de celebridad entre los reclusos. Pero la mesa de negociación nunca llegó, y el capo volvió a su verdadera cara: la del asesino condenado por 39 homicidios, extorsiones, y microtráfico. Su organización, La Inmaculada, ha sembrado el terror en Tuluá, Valle del Cauca, controlando el microtráfico y las extorsiones, e incluso desató disturbios el 4 de junio, con cuatro vehículos quemados, tras conocerse su traslado. La Alcaldía de Tuluá decretó un toque de queda, mientras la Gobernadora del Valle del Cauca anunció el fortalecimiento de la seguridad en el municipio y una “respuesta implacable” contra las bandas criminales.
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