

Indignación total: afectados por la crisis de salud denuncian el cinismo del gobierno al convocar marchas mientras el sistema colapsa.
En la ciudad de Cali, el descontento ciudadano va en aumento. Esta vez no fue por corrupción ni inseguridad, sino por algo aún más esencial: la salud. Mientras el gobierno nacional impulsa y celebra marchas a favor de sus reformas, miles de usuarios del sistema de salud, incluidos profesores víctimas del colapso del FOMAG y de la Nueva EPS, están denunciando falta de atención, retrasos en terapias, escasez de medicamentos y largas filas en dispensarios.
«Es inaceptable que nos movilicen por un sistema que está destruyendo nuestras vidas», expresó una profesora del Magisterio, una de las más afectadas por el actual modelo sanitario implementado desde el gobierno Petro.
Las protestas silenciosas y los testimonios de pacientes se contraponen con las imágenes de las movilizaciones oficialistas, generando una fuerte polarización en redes sociales. La ciudadanía se pregunta: ¿Qué sentido tiene marchar si no hay garantías mínimas para la vida?
La situación en Cali es crítica, y el reclamo de los ciudadanos no es ideológico, es humano: acceso a salud digna, tratamientos oportunos y medicamentos sin trabas burocráticas.
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