

Diosdado Cabello admitió que el ataque “logró su objetivo parcialmente” tras la captura de Nicolás Maduro, dejando al descubierto la fragilidad del régimen socialista venezolano.
El régimen socialista venezolano entró oficialmente en modo de crisis. Horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmara la captura y extracción de Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores, el ministro del Interior del chavismo, Diosdado Cabello, hizo una declaración que marca un punto de quiebre histórico: admitió que los ataques militares “lograron su objetivo parcialmente”.
La frase, lejos de ser un lapsus, representa la primera admisión pública de derrota por parte de uno de los hombres más poderosos del régimen. Durante más de dos décadas, el chavismo ha sostenido su permanencia en el poder a través de la negación sistemática de la realidad, el control mediático, la represión violenta y el fraude electoral. Esta vez, sin embargo, la narrativa se les derrumbó.
Cabello calificó la operación como un “ataque vil”, recurriendo al discurso victimista característico de los regímenes socialistas cuando pierden el control. Sin embargo, sus propias palabras confirmaron que el aparato de poder chavista no pudo proteger a su máximo líder, dejando en evidencia la vulnerabilidad de una dictadura que se vendía como inexpugnable.
Más grave aún fue el llamado explícito a los colectivos chavistas a movilizarse. Estos grupos paramilitares, responsables de asesinatos, intimidaciones y control territorial en barrios populares, representan el último recurso de un régimen que ya no gobierna con legitimidad, sino con miedo. La apelación a estas estructuras armadas confirma que el socialismo venezolano solo puede sostenerse mediante la violencia.
Diosdado Cabello, señalado internacionalmente por vínculos con el narcotráfico y el llamado Cartel de los Soles, evitó explicar cómo Maduro fue capturado y sacado del país sin resistencia efectiva. Tampoco aclaró quién ejerce ahora el mando real del Estado, lo que alimenta la percepción de un vacío de poder en la cúpula chavista.
La caída de Maduro no es un hecho aislado. Es la consecuencia lógica de un modelo socialista que destruyó la economía, pulverizó las instituciones, forzó el éxodo de millones de ciudadanos y convirtió a Venezuela en un Estado fallido. Lo ocurrido deja un mensaje contundente para América Latina: los regímenes autoritarios de izquierda no son invencibles, aunque se escondan tras discursos ideológicos y propaganda.
Mientras Cabello intenta sostener el relato de “resistencia”, la realidad es inocultable: el chavismo perdió a su principal figura, quedó expuesto ante el mundo y enfrenta ahora una etapa de descomposición interna. El socialismo venezolano, sostenido durante años por el terror y la mentira, comienza a mostrar sus grietas más profundas.
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