

Una serie de ataques simultáneos en Cauca, Valle del Cauca, Santander y La Guajira dejó muertos, heridos y poblaciones afectadas, evocando dinámicas propias de las etapas más crudas del conflicto armado colombiano.
Durante apenas tres días de diciembre, Colombia registró una seguidilla de ataques armados en distintas regiones del país que dejaron un saldo de policías muertos, uniformados heridos, daños a infraestructura pública y poblaciones enteras bajo zozobra. Los hechos ocurrieron en municipios de Cauca, Valle del Cauca, Santander y La Guajira, en plena temporada navideña, una época históricamente marcada por recrudecimientos del conflicto armado.
En Buenos Aires, Cauca, una ofensiva atribuida a disidencias de las Farc bajo el mando de alias Iván Mordisco se prolongó durante cerca de diez horas contra la estación de Policía y el casco urbano. Explosiones, disparos y artefactos improvisados generaron pánico entre los habitantes, quienes debieron refugiarse en sus viviendas mientras una densa humareda cubría el parque principal del municipio.
En Cali, dos policías murieron luego de que una explosión alcanzara una patrulla en el barrio Mariano Ramos, al suroriente de la ciudad. El ataque, ocurrido mientras los uniformados realizaban labores de vigilancia, causó daños en viviendas cercanas y obligó a reforzar las medidas de seguridad en una zona de alta circulación durante las festividades. Las autoridades atribuyeron este atentado al ELN, en el marco del paro armado que ese grupo había anunciado.
Otros hechos se registraron en el Magdalena Medio, donde un artefacto explosivo fue detonado en el peaje La Lizama, entre Barrancabermeja y Bucaramanga, dejando dos policías heridos y afectando un corredor vial estratégico. De manera paralela, en Villanueva, sur de La Guajira, se reportó un intento de incursión armada contra una base militar, acción que fue repelida por tropas del Ejército, pero que mantuvo en alerta a los municipios cercanos.
Para analistas en temas de seguridad y conflicto armado, esta sucesión de ataques no responde a un fenómeno aislado. Investigadores como Jorge Iván Cuervo, de la Universidad Externado, señalan que se trata de un problema estructural asociado a la ausencia sostenida del Estado en amplias zonas del país, una situación que históricamente ha facilitado el control territorial de grupos armados ilegales. En una línea similar, Néstor Rosanía, experto en Seguridad y Defensa, advierte que el fortalecimiento de estas estructuras es un proceso acumulado que se viene gestando desde hace más de una década y que hoy se expresa con mayor visibilidad, mientras las comunidades civiles continúan siendo las principales afectadas.
Todos los derechos reservados El Pirobo news