

El movimiento que busca mantener las banderas de Gustavo Petro sufrió un desplome histórico en su participación interna. De los más de 5,8 millones de votos de su consulta de 2022, apenas alcanzó 2,3 millones este año, reflejando una base fragmentada, apatía electoral y el desgaste del proyecto político del presidente.
La consulta interna del Pacto Histórico confirmó el deterioro del movimiento que hace tres años protagonizó la mayor movilización electoral de la izquierda colombiana. Según los datos del avance 31 de la Registraduría Nacional, solo 2.373.310 personas participaron en la jornada, una cifra muy por debajo de los 5.818.375 votos registrados en la consulta de 2022. El resultado representa una caída del 59 %, y un golpe directo a la estructura política que impulsó la llegada de Gustavo Petro al poder.
En la consulta pasada, Petro obtuvo 4.495.831 votos, equivalentes al 77,3 %, convirtiéndose en candidato presidencial. Ahora, el senador Iván Cepeda logró 1.337.710 votos (64,9 %), apenas una fracción de aquel caudal. La meta declarada por líderes del movimiento como Gustavo Bolívar era alcanzar los 5 millones de votos para demostrar fortaleza política, pero la realidad mostró un escenario muy distinto: desinterés, dispersión y desmovilización en amplias regiones del país.
El descenso en la participación fue notorio en bastiones clave como Antioquia, donde el Pacto pasó de 392.609 sufragios en 2022 a una participación marginal. Municipios como Amalfi, Puerto Berrío, Medellín y Támesis reflejaron mesas vacías y escasa movilización. A nivel nacional, de los 2,73 millones de votos contabilizados, 383.398 fueron nulos o no marcados, lo que equivale al 13,23 % del total. La cifra sugiere un electorado menos comprometido y más indiferente ante la oferta política del movimiento.
El panorama contrasta con las cifras de la elección presidencial de 2022, cuando Petro obtuvo 8,5 millones de votos en primera vuelta y 11,2 millones en segunda. Hoy, el Pacto Histórico no logró ni la mitad de los 5,8 millones alcanzados hace tres años. Analistas coinciden en que la combinación de crisis de liderazgo, desilusión ciudadana y fractura interna ha diluido la capacidad de convocatoria del petrismo, que enfrenta un 2026 cuesta arriba.
Pese a los esfuerzos del oficialismo por presentar la jornada como un “ejercicio democrático de unidad”, los números son contundentes. Lo que antes fue una ola de entusiasmo se ha convertido en un mar de abstención y apatía. El reto de Petro y sus aliados será reconstruir la narrativa del cambio y reconectar con una base social que, por ahora, parece darle la espalda al proyecto que alguna vez movilizó a millones de colombianos.
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