

El atentado en Antioquia, que cobró la vida del subteniente Jhonatan Monsalve, reaviva la alarma sobre una práctica terrorista infame: el uso de animales cargados con explosivos.
El horror volvió a sacudir al país este 9 de julio con un nuevo atentado en el municipio de Valdivia, Antioquia, donde un artefacto explosivo adherido a un burro acabó con la vida del subteniente Jhonatan Monsalve Moreno y dejó heridos de gravedad a los soldados profesionales Juan Rosso Ramos y Edwin Muñoz Vargas. El ataque, perpetrado con un “burrobomba”, ha sido atribuido por las autoridades a la estructura armada del ELN conocida como la compañía Héroes de Tarazá.
Este tipo de modalidad terrorista no es nueva en Colombia. De hecho, este es el noveno atentado documentado en el país en las últimas tres décadas en el que se usan animales —burros, caballos o perros— como vehículos para transportar explosivos, generalmente en zonas rurales o contra instalaciones militares. Aunque durante años esta práctica pareció disminuir, el reciente ataque en Valdivia ha revivido la indignación y el temor en regiones afectadas por la violencia.
Entre los casos más graves está el atentado en Chalán, Sucre, en 1996, cuando un burrobomba mató a once policías. Le siguen eventos como el caballo bomba en La Estrella, Antioquia (1997), donde murió un soldado, y el atentado en Chita, Boyacá (2003), que dejó ocho muertos y 15 heridos. En todos los casos, la utilización de animales no solo ha causado muertes humanas, sino que también ha generado rechazo nacional e internacional por el nivel de crueldad implícito.
El Ejército Nacional y la Policía ya desplegaron operaciones en la zona para dar con los responsables. La Fiscalía General de la Nación ha iniciado una investigación formal por los hechos, que también podrían constituir delitos por violaciones al Derecho Internacional Humanitario, dadas las prácticas crueles contra seres vivos en el marco del conflicto. La comunidad, por su parte, exige acciones firmes para prevenir el regreso de estas tácticas inhumanas.
“Además de atentar contra la vida y la seguridad de personas, el uso de animales en actividades armadas constituye una forma de crueldad y abuso”, subrayó un portavoz del Ejército Nacional.
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