

El exalcalde de Cali reaparece en la política nacional apelando a la emoción, mientras ciudadanos cuestionan su gestión y su falta de propuestas claras para el país.
Maurice Armitage, exalcalde de Cali, ha vuelto a la escena pública con aspiraciones presidenciales. Su discurso gira en torno a la emoción: lágrimas, frases conmovedoras y hasta místicas como “los ángeles me hablan”. Sin embargo, no ha presentado una visión de país ni propuestas estructurales para enfrentar los desafíos nacionales.
En Cali, su legado es ampliamente cuestionado. Su cercanía con constructoras que realizaron proyectos en zonas ambientalmente sensibles, el colapso financiero y operativo del sistema MIO, y el abandono a los sectores populares marcaron una administración que muchos recuerdan con descontento.
A sus más de 80 años y con una fortuna personal ya consolidada, Armitage no ha explicado por qué quiere volver al poder ni qué haría diferente. Su retorno plantea la pregunta: ¿es un proyecto político serio o una estrategia emocional para evadir el debate racional?
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