

Cientos de migrantes están abandonando su ruta hacia Estados Unidos y regresando a sus países de origen a través del Tapón del Darién, impulsados por las políticas migratorias del Gobierno de Trump y la crisis económica.
En un giro inesperado, cientos de migrantes han comenzado a cruzar el Tapón del Darién en sentido contrario, regresando desde Panamá hacia Colombia. El muelle de Miramar, en la provincia panameña de Colón, se ha convertido en un punto clave donde los viajeros, en su mayoría venezolanos, abordan lanchas rumbo a Necoclí, en el Urabá antioqueño.
El motivo detrás de este éxodo inverso es claro: las nuevas políticas migratorias de Estados Unidos, que han hecho que miles de migrantes queden varados en México sin posibilidad de cruzar la frontera norte. La incertidumbre, el miedo a la deportación y la falta de oportunidades han obligado a muchas familias a tomar la difícil decisión de regresar.
“Nuestra travesía es dura otra vez; nos extorsionan, nos roban. La misma historia de cuando uno sale de Venezuela es salir de México para acá”, relató Francisco, un migrante venezolano de 31 años.
Volver a casa no es sencillo ni barato. Solo el trayecto en lancha desde Panamá a Colombia cuesta alrededor de 250 dólares. Para muchos migrantes, el gasto total del retorno supera los 2.000 dólares, a pesar de hacer sacrificios extremos como comer solo una vez al día.
“Comemos pan, refresquito, galletitas, lo que se pueda”, afirmó Milagros Rubio, de 44 años, quien viaja de regreso con tres familiares.
El Gobierno de Panamá ha intentado gestionar el flujo migratorio estableciendo acuerdos con Estados Unidos para contener el tránsito de personas. Sin embargo, la presión sobre Colombia es cada vez mayor, pues Necoclí, el punto de llegada de estos migrantes, ha advertido que el Gobierno Nacional le adeuda 2.500 millones de pesos por la atención a migrantes en años anteriores.
Según datos oficiales, en 2024 cruzaron el Darién más de 300.000 migrantes, lo que representa una disminución del 42% en comparación con 2023, cuando se alcanzó un récord de 520.000 personas.
Pero la tendencia más alarmante es la caída en los cruces hacia el norte:
Estos números reflejan el impacto de las políticas migratorias más estrictas y el temor de los migrantes a quedar atrapados en México sin opciones de ingresar a territorio estadounidense.
El Gobierno panameño ha solicitado a Colombia que facilite el tránsito de migrantes venezolanos hasta la frontera con Venezuela, en Cúcuta, para que puedan regresar a su país.
Sin embargo, la infraestructura y los recursos de Colombia para atender esta migración inversa son limitados. Necoclí y otras ciudades del Urabá antioqueño han sido testigos del colapso humanitario causado por los flujos migratorios, y el retorno masivo de migrantes podría agravar aún más la situación.
El fenómeno de la migración inversa es una señal clara de que el sueño americano se ha convertido en una pesadilla para miles de personas. Mientras los gobiernos endurecen sus políticas, los migrantes quedan atrapados entre la incertidumbre y el costo de un viaje que, en muchos casos, nunca debieron haber emprendido.
“Aquí voy para atrás otra vez, una decepción. Tenía esperanza de darles una mejor vida a mis hijas, pero bueno, no se pudo”, dijo Darwin González, un venezolano de 46 años que emprendía su regreso desde Panamá.
El futuro de estos migrantes sigue siendo incierto, pero lo que es seguro es que el Tapón del Darién, una de las rutas más peligrosas del mundo, sigue siendo escenario del drama humano que la crisis migratoria ha dejado en América Latina.
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