

La violenta arremetida de los vándalos disfrazados de hinchas reabrió en Cali las heridas del paro terrorista impulsado por el pacto histórico, la primera línea petrista y otros grupos armados que mantuvo a la ciudad sitiada durante meses provocando incluso escazes de alimentos, combustibles y hasta la muerte de un bebé en una ambulancia detenida en un bloqueo.
La final de la Copa BetPlay entre América de Cali y Atlético Nacional se convirtió en un escenario de caos cuando un grupo de hinchas intentó invadir el campo del estadio Pascual Guerrero. La Policía Nacional, con la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden, impidió el ingreso a la gramilla utilizando gases lacrimógenos, pero la confrontación dejó como saldo tres policías heridos y daños materiales en el complejo deportivo.
La Alcaldía de Cali anunció una recompensa de $30 millones por información que permita identificar a los responsables de estos actos violentos. Se habilitaron los canales de denuncia a través de la línea multicrimen (3143587212), las redes sociales de @PoliciaCali y el número 123. Además, las autoridades garantizaron la protección de las fuentes para fomentar la colaboración ciudadana.
«El fútbol debe ser una fiesta para las familias, no un escenario de vandalismo y agresión. No permitiremos que estos actos queden impunes.» – Alcaldía de Cali.
Los hechos ocurrieron pese a un acuerdo entre la Policía Nacional y los líderes de las barras del América de Cali, quienes se comprometieron a garantizar un comportamiento pacífico. Este compromiso fue incumplido, dejando un panorama de vandalismo que afecta no solo al deporte, sino también a los ciudadanos y comercios cercanos al estadio.
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