

El hurto de una cadena avaluada en 6.000 euros a Nicolás Alcocer Petro en Madrid volvió a poner en el centro del debate público el nivel de vida de la familia del presidente Gustavo Petro y las polémicas que rodean a la primera dama, Verónica Alcocer.
El robo del que fue víctima Nicolás Alcocer Petro en Madrid volvió a encender el debate público sobre el nivel de vida de la familia del presidente Gustavo Petro y los cuestionamientos que desde hace meses rodean a su entorno más cercano. El joven, de 27 años, fue despojado de una cadena de oro avaluada en 6.000 euros —cerca de 25,7 millones de pesos colombianos— en un hecho ocurrido en la madrugada del domingo en la Gran Vía, una de las zonas más concurridas de la capital española.
De acuerdo con información confirmada por la Policía española, el hurto ocurrió alrededor de las cinco de la mañana, cuando Alcocer Petro salía de un establecimiento de comida rápida y se disponía a tomar un taxi. En ese momento, un hombre que llevaba gorra se le acercó por la espalda y, mediante un tirón, le arrebató la cadena que llevaba en el cuello. Las autoridades reportaron la captura de una persona relacionada con el hecho.
Aunque se trata de un delito común, el episodio reavivó los cuestionamientos sobre los lujos y el estilo de vida de los familiares del jefe de Estado, así como las recurrentes preguntas sobre el origen de los recursos con los que se financian estos bienes. En redes sociales y espacios de opinión, el valor de la joya robada se convirtió en un nuevo elemento de crítica hacia la coherencia entre el discurso político del presidente y las prácticas de su círculo familiar.
El caso se suma a una cadena de controversias recientes relacionadas con los gustos personales del mandatario. Hace pocas semanas se viralizó una imagen del presidente Gustavo Petro usando una chaqueta de la marca francesa Balmain, cuyo valor fue estimado en cerca de 48 millones de pesos. A esto se añadieron versiones difundidas en redes sociales sobre presuntas compras del presidente en marcas de lujo como Gucci, Prada y Ralph Lauren durante viajes internacionales.
Estas discusiones se vieron reforzadas por un informe de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), divulgado en noviembre del año pasado a solicitud del propio presidente. El documento registró consumos en establecimientos de alto perfil como Saks Fifth Avenue, Nordstrom y El Corte Inglés, así como gastos en un club nocturno en Lisboa. Aunque el Gobierno defendió la legalidad de estos movimientos, sectores críticos los interpretaron como evidencia de un patrón de consumo elevado, distante del relato de austeridad promovido por el mandatario.
Los cuestionamientos también han alcanzado a la primera dama, Verónica Alcocer. Durante su estancia prolongada en Estocolmo, Suecia, su estilo de vida fue objeto de una investigación del medio sueco Expressen, que señaló su participación en eventos sociales de alto nivel y su residencia en una de las zonas más costosas de la capital. El medio destacó el uso de prendas de lujo, como una chaqueta valorada en 1.590 euros, y planteó interrogantes sobre el financiamiento de ese nivel de gasto.
Estas polémicas se intensificaron tras conocerse la inclusión del nombre de Verónica Alcocer, junto al del presidente Gustavo Petro y otros miembros de su entorno, en la denominada Lista Clinton, un hecho que elevó el escrutinio internacional sobre las finanzas y relaciones del círculo presidencial. Aunque el Gobierno ha insistido en que no existe irregularidad alguna, la percepción pública de incoherencia entre el discurso político y los hábitos privados persiste.
El robo a Nicolás Alcocer Petro, más allá de su dimensión penal, terminó convirtiéndose en un nuevo símbolo dentro de un debate más amplio sobre transparencia, coherencia y uso de recursos en el entorno del poder presidencial, un tema que continúa generando cuestionamientos tanto dentro como fuera del país.
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